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El arribo de Lizbeth Aurelia Jiménez Aguirre a la Fiscalía General del Estado a partir del pasado ocho de diciembre ha marcado un avance del cual adoleció la FGE durante el sexenio de Cuitláhuac García Jiménez, el ex gobernador que Claudia Sheinbaum elogia por sus presuntos logros académicos y porque la presidenta no pregunta a los veracruzanos lo que sabemos, sentimos, pensamos sobre dicho sujeto.
La FGE sufrió el mismo problema durante el primer año de Rocío Nahle García…
O Verónica Hernández Giadans no hizo un buen trabajo o, en el caso de haberlo hecho, lo ocultó con tanta eficacia que nadie se enteró.
Lo cierto es que la imagen de la FGE durante la gestión de la notaria tuxtleca fue negativa; su equipo de comunicación no le sirvió, no funcionó, y la percepción final es que la dependencia responsable de procurar justicia en Veracruz coadyuvó a la grave crisis de inseguridad de la entidad.
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Con la nueva Fiscal estatal funciona un mecanismo clave, fundamental para el refuerzo -y generación- de la gobernabilidad; me refiero al manejo profesional, políticamente eficaz de la comunicación social.
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El manejo puntual de la información de Estado no solo aporta a la buena imagen del gobernante.
Parte de su esencia consiste en generar percepción.
Un ejemplo muy claro del papel de informar y generar percepción positiva desde y para la imagen del gobernante, lo tenemos con el tema del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y la crisis política de la presidenta Claudia Sheinbaum al respecto.
La percepción ciudadana es negativa y afecta a la presidenta mexicana, más allá de quien tenga la razón: si Trump o Sheinbaum.
En CLAROSCUROS compartimos información sobre una encuesta digital realizada el pasado fin de semana y dada a conocer por el columnista de El Universal Javier Tejada Dondé.
Para el público de las redes sociales Rubén Rocha Moya es culpable de los delitos que le imputan desde Estados Unidos y Claudia Sheinbaum sale mal parada al defenderlo.
Empero, aquí hay un punto medular: para efectos de gobernabilidad, el equipo de comunicación social de la Presidencia debe cuidar la imagen de su titular, independientemente de los problemas de terceros, así estén vinculados…
Si Rocha Moya es culpable o no, y aunque el pueblo de México lo condena mediáticamente, se debió cuidar el discurso presidencial para separar los temas: al gobernador con licencia quémenlo en redes sociales y medios periodísticos pero a Claudia Sheinbaum no.
Hubo fallas, ambos terminaron dañados…
Solo que, políticamente, la prioridad está en la jefa del poder ejecutivo.
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La mala imagen de la FGE dañó gravemente la imagen de Cuitláhuac García Jiménez por los malos resultados de la Fiscal, por su pésima comunicación social y por su percepción negativa entre la ciudadanía veracruzana.
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Los días que corren, día con día los periodistas de Veracruz accedemos a información acerca de presuntos delincuentes detenidos, así como avances en resoluciones judiciales sobre toda clase de delitos.
La Fiscalía informa sobre su trabajo desde Agua Dulce y Las Choapas hasta Pánuco y la huasteca; es decir de sur a norte y viceversa.
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Son datos duros a los que se suma información efectiva: sujeciones a proceso, condenas de jueces contra quienes pasan de la presunción a la confirmación de ser asesinos, secuestradores, violadores, ladrones, etcétera…
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Dicho coloquialmente: la FGE en manos de Lizbeth Aurelia Jiménez Aguirre pone huevos y los sabe cacarear; pero a dicha afirmación de evidente perspectiva política, se añade la condición sine qua non del periodismo: informar con objetividad a la sociedad, en este caso sobre la procuración de justicia que es parte esencial del Estado.
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Este conjunto de argumentos nos remite a una circunstancia: la comunicación social parece simple pero es compleja; se observa como algo superficial pero es profunda.
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La FGE da una lección por su mejoría en términos de imagen, vía una mejor comunicación social.
Ocurre lo mismo en la LXVII Legislatura -con Esteban Bautista Hernández como líder desde la JUCOPO- y en algunos (muy contados) Ayuntamientos.
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No confundir.
Una cosa es la comunicación social y otra es el periodismo.
El comunicador social informa y abre puertas al diálogo con la persona o institución que representa.
El diálogo ocurre directamente e indirectamente.
El diálogo ocurre desde el momento de la eficacia informativa institucional.
Por su parte, el periodista recaba datos, investiga, cuestiona, critica.
Cada uno en su papel deben abonar a la democracia.
Un político y un periodista profesionales debaten, contrastan ideas, enriquecen el discurso público y social.
No son amigos; eso es otra cosa; son dos entes sociales con papeles contradictorios, dialécticos, encontrados en la lucha existencial que emana del poder.
De ahí la trascendencia de la comunicación social como una suerte de vaso comunicante.
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Alguien con poder pero sin el perfil político adecuado, se causa problemas a sí mismo y los hace extensivos a quienes le rodean.
Lo mismo ocurre con alguien sin preparación
para escribir, pues aunque tenga una pluma en las manos termina usándola para picar ojos y un día queda tuerto…
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Información, comunicación social, percepción colectiva, imagen, diálogo, debate, perfil profesional, poder político, procuración de justicia, legislación, gobierno en sus tres niveles, democracia, desarrollo, historia…
