Después del asesinato de Luis Donaldo Colosio, cuando convertido ya en candidato del PRI a la presidencia recorría la república, el sistema político lo incluyó en su cosmogonía como un mártir, ejemplo de “la cultura del esfuerzo”, gracias a la cual se elevó a las alturas del poder; pero esas virtudes nunca se le reconocieron en vida, e incluso se le regateaban cualidades para emprender la empresa presidencialista. Pero el paroxismo priista, el mea culpa, o la combinación de ambas, hicieron de Colosio, post mortem, todo un ideólogo del priismo, por esa fórmula el Instituto de Estudios Políticos y Sociales del PRI cedió paso a la Fundación Colosio. Bien lo anticipó el vate veracruzano Salvador Díaz Mirón: “El mérito es el náufrago del alma, vivo se hunde, pero muerto flota”. Esta alusión introductoria es para mejor entender el “fenómeno” de Luis Donaldo Colosio Riojas, hijo del finado de nuestra cita, actualmente alcalde de Monterrey porque así fue elegido, candidateado por Movimiento Ciudadano, no por el PRI. Porque ahora, se ocasiona la paradoja de que el presidente del PRI, Alejandro Moreno, no le concede a Colosio Riojas méritos suficientes como para figurar entre los tres primeros lugares de preferencia según encuesta publicada por Reforma, como candidato a la presidencia, ubicado después de Sheinbaum y de Ebrard, pero delante de Monreal y de Samuel García, gobernador de Nuevo León. El presidente López Obrador dijo al respecto que “Reforma usa “cuchara” para quitar y poner “levadura” en sus encuestas a aspirantes presidenciales para 2024”, y Alejandro Moreno más drástico y hasta cruel dice: “El joven Colosio puede ir a cualquier lugar de la República y se para y no lo conocen en ningún pueblo”. Quizás le asiste la razón, pero esa expresión es inexplicable y hasta fuera de lugar en boca de un presidente priista frente al hijo de otro expresidente del PRI, porque seguramente nada tiene que ver en el diseño y resultado de esa encuesta. Pero así es eso del abarrote político.

