Alfredo Bielma VillanuevaAlfredo Bielma Villanueva

Alfredo Bielma Villanueva

Sin ningún miramiento ni atención a sus propuestas hacia los correligionarios que recientemente crearon el Frente Nacional Democracia y Justicia Social, en su XXII Asamblea la dirigencia nacional priista “reformó” sus estatutos y se declaró contra el neoliberalismo en la muestra más notable de la forma en cómo hasta en el PRI el presidente López Obrador imprime sus directrices e impone su agenda. Pero si las pésimas señales no fueran suficientes, a alguno de los genios de la estrategia política se le ocurrió que era buena la ocasión para “destapar” a su actual dirigente, Alejandro Moreno, como precandidato a la presidencia de México, cuando es uno de los políticos más vulnerables en cuanto a sus antecedentes aun no clarificados en su paso por el gobierno de Campeche, y es muy susceptible de ser inmovilizado al menor asomo de competitividad al ser rehén de su muy cuestionada gestión. Sin embargo, ese evento pudiera servir para calibrar la correlación de fuerzas al interior del PRI, para conocer las reacciones a su interior y, lo más importante, escrutar la reacción del cotarro político nacional respecto a un Alejandro Moreno apareciendo como prospecto a la presidencia de México. Por cierto, Moreno presume una exitosa (sin duda, para él) trayectoria política: tres veces diputado federal, senador y gobernador con “apenas” 48 años, como si gobernar y obtener entregar buenos resultados consistiera en ir a las Cámaras legislativas solo a levantar el dedo. No es correcto descalificar a priori de las circunstancias, pero si atendemos aquellos de que “el hombre es la medida de todas las cosas”, entonces nada bueno depara al PRI si “Alito” persiste en su osadía.