Los últimos acontecimientos ocurridos en el sureño municipio de Coatzacoalcos, uno de los puertos más emblemáticos de México, han puesto en el ojo del huracán a Veracruz.

La ola de homicidios que se han cometido en aquella región, han marcado una gran preocupación en las autoridades, quienes no han podido contener la alta criminalidad que se ha dado a conocer en los medios de comunicación.

Aunque no es privativo de Coatzacoalcos, toda vez que los hechos sangrientos lo mismo ocurren en el expuerto México que en los demás municipios que conforman esa importante región.

Lamentable los acontecimientos, toda vez que se trata de hechos sangrientos que reflejan una situación que, a veces, parece incontrolable.

Analizar desde el punto de su origen los hechos, llevará a las autoridades a encontrar la estrategia para combatir la ola de criminalidad que flagela a los habitantes de la zona sur.

La semana que recién terminó, ha dejado en la población la sensación de algo que, pensaron ya no volvería a ocurrir.  Hoy la violencia ha vuelto y con una intensidad que ya origina más preguntas que respuestas. Y no hay quien las conteste.

Hace algunos meses, un alto funcionario del actual gobierno, al declarar sobre hechos semejantes que estaban ocurriendo en diversos puntos de la Entidad, afirmaba, en claro mensaje alusivo a los grupos criminales que los cometían, “que la fiesta se les había terminado” Lo que significaba lisa y llanamente que no habría tolerancia para los grupos que eran generadores de violencia. 

Hoy, al volver la vista hacia Coatzacoalcos, al enterarnos de los acontecimientos ocurridos en la semana próxima pasada, comprobamos que la fiesta no ha terminado y los generadores de violencia, con hechos sangrientos y con mensajes a través de bambalinas o pancartas, están dejando en claro que hechos como los ocurridos, van a continuar.

Por el bien de Veracruz y de toda la población, deseamos que las cosas se normalicen y que la paz llegue a los hogares de nuestros hermanos de aquella región.

Que así sea.