Aunque vivimos en mundos diferentes en cuanto al peso de los gobernantes, el universo donde orbitan es el mismo. Porque no es igual el impacto del discurso de Trump pronunciado en la ONU declarando a México como el epicentro de la violencia, que el pronunciado por la presidenta Sheinbaum en el Zócalo de la CDMX defendiendo la soberanía y repudiando el “injerencismo”. Tampoco es igual el contenido inherente de cada mensaje, porque el de Trump forma parte de un orquestado andamiaje de acciones por venir y el de la presidenta de México se reduce a convencernos de que no se amilana frente al imperio del norte. Si bien ambos personajes enfrentan coyunturas que definirán el futuro de sus gobiernos, en el caso de México se acumulan los casos que presionan al gobierno a definirse respecto de casos como el del “huachicol fiscal” que involucra a personajes de elevada jerarquía política. De todo esto que ocurre en México los reflectores internacionales permanecen atentos, desde los países integrados en el Escudo de las Américas, y en la Unión Europea adonde México pretende extender sus vínculos comerciales.

“Sabemos dónde viven, donde se esconden, los vamos a exterminar”, fue el dramático aviso del presidente Trump a la cúpula gobernante de Irán. Días después misiles de alta precisión terminaron con la vida del Ayatola Jamenei y parte de la cúpula militar de Iran. Similar mensaje fue dirigido hacia los capos de la delincuencia en México e información de inteligencia dio con “El Mencho” y decenas de altos mandos de los cárteles mexicanos actualmente bajo proceso. La coordinación entre las fuerzas de seguridad de ambos países ha dado frutos exitosos. En ese horizonte las filtraciones a los medios de comunicación forman parte medular del combate contra la delincuencia. Lo que se publica en el New York Times, en Los Ángeles Times, en el Washington Post, en el Wall Street Journal, etc., no tiene desperdicio, mucho menos cuando sus notas coinciden con otros hechos. Al reportaje de TV Azteca acerca de Amilcar Olán en Suiza, donde fue localizado y tras de eso obligado a abruptamente abandonar su domicilio, sigue el reportaje del The New York Times donde se informa que agencias de seguridad estadounidenses “analizan” supuestos vínculos de “Andy” López Beltrán “con el crimen organizado y el contrabando de combustible”. Y por si no bastara, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos sancionó a una empresa ligada a la gobernadora de Baja California y a su exesposo, Carlos Torres y su hermano por mantener vínculos con el crimen organizado. Lo más extraño, lo inaudito, consiste en que asuntos y personajes de nuestro país están sujetos a procesos o son investigados fuera de nuestro territorio y en México nada se sabe o nada se hace. Contra esas acciones el discurso en defensa de la soberanía pierde sustento real.