Al menos en Tabasco y Chiapas el gobierno federal atendió la instrucción presidencial de otorgar los apoyos necesarios a los afectados por la inundación, que por cierto provocó el propio gobierno para evitar males mayores. Ahora, en su paso por Veracruz y otras entidades el huracán “Grace” dejó una larga estela de destrucción, por lo cual el presidente ofreció que no habría límite presupuestal para resarcir los daños “casa por casa”, según el censo levantado. “Estamos atendiendo mejor que nunca a los damnificados”, asegura López Obrador, aunque en lo que corresponde a Veracruz tal ayuda no ha llegado. No se ignora la gravedad de los daños y la emergencia, pero tampoco se desconoce la prioridad de las obras emblemáticas de este gobierno, que junto a los programas sociales ocupan gran parte del recurso presupuestal, y tal circunstancia orilla a la disyuntiva de hacia dónde derivar los miles de millones de pesos que se requieren. Ya no se trata de descubrir si con el Fonden se hubiera actuado con mayor celeridad, porque finalmente fue un programa diseñado para emergencias y cumplía si dinero había, y en esto último reside el problema: contar con el dinero y la voluntad para hacer frente de manera genuina al gran desastre provocado por la madre naturaleza. Pero ¿cuándo?

