POR SANDRA PEÑALOZA J.

Todos estamos conscientes del concepto de aspectos privados de la vida de cualquier persona, que deben respetarse, pero cuando esa persona salta a la función pública o a la política, sin necesidad de tocar una tecla, todo su historial aparece como si fuera magia. Ese es el caso de Isabel Inés Romero Cruz, quien vivió sus primeros años allá en el municipio de Alvarado de donde quizá sea originaria. Para ser más exactos, en la zona de Antón Lizardo. Se dice que desde pequeña fue traída a la población de Banderilla, donde cursó estudios y medio aprendió a leer, en la Escuela Juan de la Luz Enríquez. Esto lo hizo al lado de Efraín Romero, muy conocido en la antigua ciudad del chicharrón, sobrenombre de la población adquirido por la acostumbrada venta dominical de los productos del cerdo, no precisamente por la presencia de damas con partes protuberantes.

Pero, ¿Quién era Efraín Romero? Este señor era un distinguido perredista de barrio, que domingo a domingo invadía Enríquez en esta ciudad capital, con su viejo Datsun, para estar despotricando contra el gobierno de aquellas épocas y publicitando a su partido con las bocinas instaladas en su cacharro.

Es decir, aparentemente Chabelita, ahora más conocida por Clavelita, tuvo una infancia difícil como muchos de los pobladores del país, no precisamente acompañada por una adecuada preparación educativa y menos aún profesional.

En cuanto tuvo un puesto, como fue el de juez, la vida le cambió y se convirtió en una maquina productora de fondos, claro, siempre apoyada por gente que con el tiempo, se volvió de su confianza, por no decir cómplices, como son los casos de un tal Tomás Francisco y de Juan Domínguez, el acosador sexual de quien tantas veces nos hemos ocupado, pues salió más miguelito que el ratón, emblema de Walt Disney.

Cuando de la noche a la mañana por esos efectos de la 4t, Chavelita-Clavelita, seguramente no durmió en varios días, nos referimos cuando recibió la DEDODESIGNACIÓN como presidenta del Tribunal Superior de Justicia.

Se aplica la tesis lapidaria de que aquel, en este caso aquella, que nunca tuvo, cuando tiene loco se quiere volver y a Clavelita, ya le pasó; pero no crea usted que la “P” que le salió en la frente, la hizo presa total de su pensar y actuar. La señora midió distancias y así fue, que llegado el momento, lo que ha sido siempre, se tiró al piso para que el emperador pasara sobre ella y ya ni se diga, el bola 8, o sea, que pensativa, pen…sativa pero no tanto..