Cuando el presidente Felipe Calderón inició el combate contra la delincuencia organizada el efecto que desencadenó fue imprevisible para las fuerzas de seguridad del gobierno mexicano, ya en retrospectiva es posible advertir las fallas de aquella estrategia, no preparada para responder eficientemente las consecuencias provocadas por ese operativo. Un recuento de las innumerables convocatorias del presidente Calderón a los gobernadores exhortándolos a acelerar los trámites de depuración de sus cuerpos policiales nos dará idea de su preocupación por no contar en el ámbito federativo con la capacidad suficiente para combatir a los cárteles de la droga. Su Zar antidrogas, Genaro García Luna, operó en un bunker equipado con tecnología de punta para obtener información de inteligencia y contraatacar, la experiencia demostró un fracaso total que sirvió de pretexto al gobierno de Peña Nieto, y aun más al de López Obrador, para no emprender acciones contra ese terrible cáncer social que carcomía la autoridad del Estado mexicano en buena parte del territorio nacional. En el gobierno de los “abrazos y no balazos” se llegó al extremo de ver al presidente de la república visitar en seis ocasiones Badiraguato, en territorio de exclusivo tránsito de unos de los cárteles más poderosos del país. Todavía más, en su retórica retorcida, en 2020 señaló que “cuidaba” a los integrantes de bandas del crimen organizado “porque también son seres humanos”. La banda presidencial se habrá estremecido al sentir el brazo del abogado del Chapo Guzmán sobre los hombros del presidente de México en aquella visita al noreste del país donde saludó a la mamá del Chapo Guzmán.
Calderón ya es historia, y aunque López Obrador se resiste en irse, ahora gobierna Claudia Sheinbaum, en cuyo discurso se critica “la guerra de Calderón”, pero en las acciones emprendidas contra los agentes de la delincuencia organizada se aleja de los abrazos y no balazos para acercarse más a las acciones punitivas empleadas por Calderón. La cruenta cacería contra “El Mencho” resultó en su captura, poco sabemos si fue motu proprio u obligada por las presiones del gobierno estadounidense, o, también, porque el Mundial de Futbol está a la vuelta de tres meses ¿por qué la pedrada al panal fue ahora y no después? La presidenta Sheinbaum tiene en las fuerzas armadas y su secretario de Seguridad Nacional un respaldo absoluto, que bien coordinados con las agencias de seguridad estadounidenses cuentan con información de inteligencia que les permite adelantar respuestas y diseñar estrategias con resultados plausibles. Saben por qué fue antes del mundial y no después este operativo contra el Mencho, un riesgo calculado, según se percibe. No la tiene fácil el gobierno mexicano, dura prueba para la presidenta, que por su parte acude al ruido mediático de la reforma electoral como distractor para desviar la atención del candente tema futbolero. No es poco lo que pone en juego el gobierno de la república. Bien lo dijo el general secretario Ricardo Trevilla: “Nada es más fuerte que el Estado”.
