CAFÉ CON LECHE / Por Stephanie Henaro Canales
Hoy el café se prepara con granos arábica de Colombia, de tueste medio. Al caer la leche, el perfil cambia: se suaviza la acidez, aparece el cuerpo, se redondean las notas. Todo depende de un equilibrio preciso. Si uno de los elementos se desajusta, la taza lo delata de inmediato.
Eso es exactamente lo que está ocurriendo con el sistema alimentario global.
Porque mientras el mundo discute petróleo, nadie está mirando el verdadero frente. Se habla del crudo como si ahí estuviera toda la historia, como si el problema fuera únicamente energético. Pero lo que está empezando a cambiar —de forma más lenta, más silenciosa— es la base sobre la que se sostiene todo lo demás: la producción de alimentos.
La guerra en Irán ha puesto presión sobre el Golfo Pérsico, por donde circula cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes. Es un dato técnico, pero decisivo. Es como el grano en esta taza: no se ve en el resultado final, pero define todo lo que viene después.
