La Clarity Act es una propuesta legislativa que busca transformar el sistema financiero estadounidense al permitir transacciones 24/7, con costos mínimos y rendimientos superiores a los que actualmente ofrecen los bancos tradicionales. Su objetivo declarado es modernizar la infraestructura financiera, democratizar el acceso al crédito y al ahorro, y reducir la dependencia de intermediarios bancarios. En esencia, plantea un sistema más ágil, transparente y competitivo, capaz de responder a las demandas de una economía digitalizada y globalizada. Los bancos y los grandes conglomerados financieros consideran que su aprobación destruirá su modelo de negocios y los miles de millones de dólares que les genera la intermediación financiera. Los políticos consideran que el daño al actual sistema financiero produciría un colapso en las políticas de crédito e inversión, generando un problema sistémico en la economía, primero de Estados Unidos y luego global, por lo menos en tanto se ajusta a la nueva realidad financiera.
La aprobación de esta ley tendría efectos inmediatos y profundos en la economía norteamericana y por contagio e imitación en la economía mundial:
- Desintermediación bancaria: Los bancos perderían su rol central como custodios de depósitos y proveedores de crédito, al ser desplazados por plataformas más eficientes.
- Presión sobre márgenes financieros: La competencia por ofrecer mayores rendimientos obligaría a la banca a reinventar su modelo de negocio, reduciendo su rentabilidad tradicional.
- Volatilidad en la política monetaria: La Reserva Federal vería limitada su capacidad de controlar la liquidez y las tasas de interés, ya que los flujos financieros serían instantáneos y globales.
- Impacto laboral: Miles de empleos vinculados a operaciones tradicionales podrían desaparecer, generando tensiones sociales y políticas en un sector históricamente influyente.
El alcance de la Clarity Act no se limitaría a Estados Unidos, tendría un impacto considerable en la economía mundial:
- Reconfiguración de flujos de capital: Países emergentes podrían atraer inversiones de manera instantánea, reduciendo barreras de entrada.
- Mayor integración financiera: La disponibilidad de transacciones 24/7 aceleraría la globalización de los mercados, pero también aumentaría la exposición a crisis sistémicas.
- Competencia regulatoria: Jurisdicciones con marcos legales más flexibles se volverían polos de atracción de capital, presionando a otros países a adaptar sus normativas.
- Riesgos de inestabilidad: La velocidad de las transacciones podría amplificar burbujas financieras y contagios internacionales, dificultando la gestión de crisis.
Aunque la Clarity Act promete modernización, la administración Trump podría optar por retrasar su aprobación en función de las elecciones de noviembre:
- Control narrativo: Evitar que un cambio disruptivo genere incertidumbre económica en plena campaña.
- Protección de la banca tradicional: Los bancos son actores influyentes en el financiamiento político y en la estabilidad del sistema.
- Gestión del riesgo electoral: Un cambio radical podría ser percibido como una amenaza para ahorradores y jubilados, debilitando la confianza en el gobierno.
- Cálculo político: Dado que Trump ya no puede aspirar legalmente a un segundo mandato, la estrategia se centra en preservar estabilidad y evitar choques financieros que puedan afectar la percepción de su gestión en el cierre del ciclo electoral.
La Clarity Act representa una revolución financiera comparable a la irrupción de internet en el comercio. Sin embargo, su aprobación inmediata podría desestabilizar tanto a la economía estadounidense como al sistema financiero global. La decisión de retrasarla no es meramente técnica: es un cálculo político que busca equilibrar innovación, estabilidad y poder electoral.
En última instancia, la pregunta no es si la Clarity Act se aprobará, sino cuándo y bajo qué condiciones. El mundo observa con atención, consciente de que este paso podría redefinir las reglas del juego financiero internacional.
Mientras el futuro de las transacciones financieras está a la vuelta de la esquina, el gobierno mexicano sigue actuando como si estuviéramos en el siglo XIX, no hay capacidad en el congreso ni en presidencia para entender los retos que representa este cambio de legislación en Estados Unidos, mucho menos capacidad para visualizar las consecuencias que este cambio tan radical traerá para las relaciones financieras y la economía mundial, y por lo tanto, nos tomará por sorpresa y sin estar preparados.
Cuando un pueblo ignorante elige y jamás exige, a legisladores y gobernantes incompetentes, siempre estará sujeto a los riesgos de cambios y avances tecnológicos, sin una red protectora de prevención y anticipación. Por ello, una vez más, puedo apostar que los mexicanos no vamos a perder la oportunidad de desperdiciar las oportunidades que la Clarity Act va a otorgar a países del tercer mundo como el nuestro.
¿Crees que tu diputado federal o tu senador pueden cuando menos leer por completo, y comprender lo que en este artículo comento?
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