Por Fernando Hernández Flores
Un día, íbamos en un automóvil tres personas. De pronto, cayó la neblina y no se veía la raya de la carretera, es más, no había raya amarilla.
Eran puras curvas y el conductor tenía que desviarse a la izquierda, entonces el copiloto le dijo:
—Gira a la izquierda.
El conductor no entendió, por lo que, el copiloto le habló más fuerte:
—Gira a tu otra derecha.
El detalle es que, íbamos a caer en una barranca y si entendió el conductor; después seguíamos a las risas porque la persona que manejaba el coche, tiene otra derecha y resultó ser de izquierda.
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