Por años -en la era del viejo priismo- nos acostumbramos a la demagogia, las declaraciones sesgadas y fabricación de culpables que no iba más allá del cartero en la cárcel o el empleado de cuarta que cargaba con el muerto de la corrupción.
Hoy, sin embargo, a más de un siglo de la lucha armada y tras el disfraz de Morena, seguimos con el mismo cuento, pero con la diferencia de que ya no hay carteros, sino carteristas y los raterazos ya no se encuentra en la modesta burocracia, sino en los gobernadores, secretarios de estado y la propia familia en el poder.
Son los mismos que con otro disfraz lo único que no han dejado es el discurso manido y las explicaciones que rayan en la estupidez.
Ayer escuchábamos la perorata de Rocío Nahle convenciéndonos que “En Veracruz uno de los principales reclamos ciudadanos en materia de seguridad -ya superados- no solo ha sido la violencia, sino la percepción de impunidad: delitos sin consecuencias, detenciones que no prosperaban y grupos criminales que operaban con la complicidad del propio gobierno”.
Su florido discurso lo remata con un “Por ello, los resultados presentados por el gobierno tienen un significado que va más allá de las cifras: La coordinación permanente entre el Estado y la Federación, a través de la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz, se refleja en operativos, cateos y detenciones de objetivos prioritarios generadores de violencia”.
Creamos pues en su rollo, pero ¿dónde dejamos entonces la violencia crímenes y muertes que arroja en el día a día la delincuencia organizada en el norte del estado, de Poza Rica a Tuxpan?
Dónde pues las masacres de Coatzacoalcos y la amenaza del Cartel que llegó hace unos días a Xalapa para tomar posesión de la plaza que, según el Secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, no corresponde a “Xalapa, sino algún lugar de Puebla…” y no dijo la Luna porque ahí vive.
¿Dónde pues los brutales datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública que nos coloca en quinto lugar de criminalidad y segundo en feminicidios?
De risa loca cuando la distinguida mandataria expresa orgullosa que “Con la participación de fuerzas federales en Veracruz también se combate al huachicol: un histórico aseguramiento de hidrocarburo ocurrió en Tihuatlán dejando claro que hay cero impunidad”.
Más le hubiera valido a la señora Nahle haber dicho el nombre de otro municipio y no el de Tihuatlán, municipio ubicado en el norte de Veracruz que ha enfrentado una imparable ola de violencia e inseguridad ligada al crimen organizado y narcomenudeo imparables.
Esa región experimenta desde su llegada, una incontenible ola violencia de alto impacto que incluyen ejecuciones directas y ataques armados en lugares públicos.
¿Es que nunca le informaron del asesinato a balazos de una empleada dentro de una funeraria local, ni las agresiones armadas cerca de instalaciones médicas, reflejando el alcance de la violencia urbana?
¿Tampoco de la balacera en un bar local conocido como «Romi», donde un comando armado del “Grupo Sombra” irrumpió y asesinó a seis personas (cinco hombres y una mujer) en un ataque directo? ¿tampoco del asesinato de un ex candidato a la alcaldía, lo que detonó operativos estatales de seguridad en la región?
Dice oronda la señora de Zacatecas que desde la judicialización de los casos de alto impacto y de la mano de la Secretaría de Seguridad Pública, la Fiscalía, Sedena y Guardia Nacional “queda claro que existe una estrategia con objetivos definidos: desarticular grupos generadores de violencia, atacar sus estructuras financieras y evitar que los delitos queden impunes”.
Ello, luego de presumir los operativos en Tuxpan, Álamo, Papantla, Espinal, Coatzacoalcos, Coatzintla e Isla que -según ella- “no son golpes al aire, muestran un despliegue coordinado en distintas regiones del estado y la captura de generadores de violencia en las diferentes zonas del estado que se habían encumbrado ante la falta de una estrategia de inteligencia”.
Es su dicho, muy distante de la realidad ya que si algo falta a las autoridades es eso, inteligencia a la cual se suma la complicidad, el negocio que arroja la criminalidad, los pactos de impunidad que dejan pingües ganancias y el mantener a Veracruz en un permanente estado de zozobra.
Esa es la realidad y no la que nos pinta la autoridad.
Acudamos, por tanto, a Sheinbaum en el símil de no ver TV Azteca con el ¡No veamos a Nahle!
Tiempo al tiempo.
*Premio Nacional de Periodismo
