Editorial
Alguien no midió las consecuencias. Alguien se extralimitó y se aventó al ruedo, como el Borras y, sin pensarlo dos veces, dijo, declaró, externó, que ya estábamos en semáforo verde y la ciudadanía, harta del encierro, sin decir agua va, agarró sus maletas y se dejó ir a las playas mexicanas y a cuanto lugar de agua exista en el país.
Hoy, los lugares lucen abarrotados, atestados, llenos de seres humanos que, con la venia del semáforo verde, ya disfrutan de las playas y del sol. Playas, balnearios, restaurantes, discotecas y, sin duda, aeropuertos y terminales de autobuses, van a estar hasta su máxima capacidad. Ya se vio, en las primeras imágenes que han circulado, que la sana distancia, el uso del cubrebocas y demás indicaciones de las autoridades, muchos mexicanos se los están pasando por el arco del triunfo.
Obvio, no hace falta ser un experimentado epidemiólogo como el doctor López-Gatell, para intuir, sospechar o saber que, al final de la llamada Semana Santa, el rebrote de contagiados va a darse de manera brutal. Ojalá y estemos equivocados. Y, para ponerle más pimienta al tema del famoso Covid-19, en contra del reconocido epidemiólogo, aquel que afirmó que la fuerza moral del presidente, lo hacía inmune al contagio SaRS-CoV 2, ahora resulta que está acusado penalmente por delitos contra la salud, por pasearse en las calles sin usar cubrebocas, cuando aún estaba enfermo de Covid-19.
Ya veremos y pendientes estaremos de lo que ocurra al término de también llamada Semana Mayor y las consecuencias de haber puesto el semáforo en color verde y que motivara a que muchos mexicanos agarraran viaje a los destinos de playa.
