Por: Yolanda Orduña

El rebozo alcanzó tal importancia que en el siglo XVIII se dictaron leyes y reglas para su elaboración…

Breve historia a través de los siglos

Esta prenda tuvo su primer uso entre las mujeres novohispanas y tiene su origen en el amaizal morisco que usaban las musulmanas en España, durante la Edad Media; para cubrir su cabeza o cara en señal de recato.

El amaizal tenía una forma rectangular alargada con flecos en las orillas. Para el siglo XVII, esta prenda se usó entre las mujeres mestizas, negras y mulatas; ya que tenían prohibido usar las tocas de las indígenas evangelizadas, las cofias y velos de las criollas y españolas adineradas. Así que al adaptarse a tierras novohispanas el maizal se convirtió en el rebozo y fue un distintivo social entre las mujeres que lo usaban.

En el siglo XVIII el uso del rebozo se generalizó y lo usaban desde las provincias norteñas de Texas y Nuevo México hasta Guatemala. Lo portaban terciado sobre el pecho, cubriendo cabeza, hombros y espalda.

Durante el siglo XIX se le empezó a dar otro uso como el de cargar cosas dentro de él; para finales del siglo las mujeres indígenas lo incorporan a su indumentaria diaria.[1]

El rebozo alcanzó tal importancia que en el siglo XVIII se dictaron leyes y reglas para su elaboración en cuanto al tamaño, tejido, clase de hilo y dibujo. Incluso se adoptó a la Virgen de las Angustias como la patrona de la rebocera (artesanas especializadas en la confección de rebozos).[2]

El Rebozo en México

Actualmente se considera al municipio de Tenancingo Degollado en el Estado de México la cuna del rebozo; pero también se llegan a confeccionar en otros estados como Michoacán, Querétaro, San Luis Potosí y Oaxaca.

Entre los municipios que destacan son Santa María del Río en San Luís Potosí y San Pedro Cajonos en el estado de Oaxaca; conocidos por elaborar rebozos de seda con sorprendentes empuntados y tintes naturales. Trabajan el telar de cintura y terminan después de 17 pasos e inclusive 9 manos para detallar y lograr el repacejo.[3]

Las medidas generales de los rebozos van desde los 1.5 hasta los 3.6 metros de longitud, pueden estar confeccionados de algodón, lana, seda o articela. Sus usos van desde bufanda, blusas, chales, bolsas y huipiles y también los portan para cargar a sus hijos o bien transportar mercadería.[4]

El rebozo prenda emblemática de las raíces mexicanas, enmarca la belleza femenina en el trascurrir de la historia, en las luchas revolucionarias como distintivo de grandeza y hoy día en las mejores y reconocidas pasarelas de la moda.

En este “día Internacional de las Poblaciones Indígenas”, hablar sobre esta hermosa pieza textil evoca pensar en la vastedad cultural mexicana; refleja raíces de una historia multicultural, manos indígenas que crean arte, transformación y vanguardia.

La comunidad mexicana en el extranjero la posiciona, aumentando su popularidad en todas las clases sociales, el rebozo se reinventa. Sin duda una prenda única y que vale la pena preservar, lucir y tener en el armario.

#SumandoEnPositivo por nuestras raíces indígenas.

Yo soy YolandaO, abogada; preocupada por los derechos humanos; en busca de que todos podamos entender temas complejos, de una manera simple.

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