SHOT DE ESPRESSO / Por Stephanie Henaro Canales

El espresso de hoy se prepara en cafetera Moka, a fuego lento. La flama no sube, pero tampoco se apaga. Se queda ahí, constante, empujando desde abajo hasta que el agua encuentra salida. Así está el mundo: contenido, presurizado… y cada vez más difícil de controlar.

El aroma engaña. Abre suave, con una dulzura ligera que promete equilibrio. Pero en cuanto entra, golpea: seco, directo, con una amargura que no viene del tostado, sino de lo que se está acumulando. Como estos granos —caturra— que parecen nobles… hasta que te marcan.

Porque mientras el ruido está en Medio Oriente, el poder real se está moviendo en silencio.

Claudia Sheinbaum sale del país. El próximo sábado 18 de abril se reunirá en Barcelona con Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, Gustavo Petro de Colombia, y Yamandú Orsi de Uruguay , en la cumbre de líderes de izquierda “Democracia Siempre”. No es protocolo. Es posicionamiento. Es un corte fino con la línea anterior y una exploración de nuevos equilibrios, más cercanos a quienes hoy orbitan a China, comenzando por el presidente del país sede, Pedro Sánchez, quien se encuentra en su cuarta visita a China.

En paralelo, otros líderes europeos Emmanuel Macron de Francia y Keir Starmer de Reino Unido, también han pasado por Beijing. Incluso de este lado del mundo, Mark Carney de Canadá también se mueve en esa dirección, mientras México se habían mantenido en silencio y dentro de su órbita tradicional.

Nadie se está moviendo por casualidad.

El espresso empieza a subir.

El calor viene del Estrecho de Ormuz. Ahí, Irán no sólo amenaza: cobra. Decide quién pasa y bajo qué condiciones. Convierte una arteria del sistema global en una herramienta de poder. Mientras que Donald Trump, amenaza con llevar a cabo su propia verisón del bloqueo, solamente porque no lo ha logrado abrir.

Es decir: el país que construyó su hegemonía garantizando la circulación marítima ahora compite por controlarla.

Eso ya no es orden. Es disputa.

Y cuando volteas a ver a Reino Unido, lo entiendes mejor. No hay alineación automática. No hay respaldo inmediato. Estados Unidos no sólo enfrenta a sus adversarios… empieza a quedarse solo frente a sus aliados.

El espresso cambia de cuerpo.

Porque mientras Washington escala, Beijing calibra.

China no ha disparado un solo tiro. Pero logró algo más importante: sentar a Irán a negociar. Ejerció presión, habló con todos los actores, movió piezas sin hacer ruido. No controla el campo de batalla… pero empieza a influir en el desenlace.

Ese es otro tipo de poder.

El que no rompe. El que ordena.

Y en Asia lo perfecciona.

En Taiwán no invade. Integra. Reabre vuelos, impulsa comercio, acerca intereses. No necesita disparar si puede absorber.

Dos modelos frente a frente:

Uno que bloquea.

Otro que vuelve indispensable el flujo.

Y mientras eso ocurre, el tablero se expande.

Europa duda. América Latina se mueve. México explora. Canadá tantea. Y el sistema —ese que giraba alrededor de Washington— empieza a encontrar otros centros de gravedad.

El espresso termina de subir.

No explotó. No hizo ruido. No desbordó la taza.

Pero cambió el sabor.

Y deja algo claro: la hegemonía no se pierde cuando alguien te derrota… se pierde cuando el mundo empieza a organizarse sin ti.

Porque el poder —el de verdad— no siempre está en quien dispara.

Está en quien logra que los demás se sienten a negociar.

Donde el poder se sirve sin espuma.

El último en salir, apague la luz