Editorial.
Las campañas políticas están por arrancar. Ya se aceita la maquinaria y los mejores operadores alistan sus herramientas para enfrentar la que, ya se puede calificar como la madre de todas las campañas.
Nadie va a pedir tregua y nadie, obviamente, va a pedir cuartel. Tampoco nadie va a rendir la plaza.
Los calificativos, los epítetos, los señalamientos, las acusaciones, todo, de todo va a salir a relucir en el escenario político tanto a nivel nacional así como a nivel estatal. Que, de hecho, antes de formalizar las campañas, la guerra sucia ya se alcanza a ver desde la luna.
Es más, nadie duda que, tan pronto inicien las campañas para alcanzar algún cargo de elección popular, puedan aparecer en el escenario lo que se conoce como Carpetas de Investigación.
Tal vez ya nada debiera ni debería de asombrarnos, pero dadas las circunstancias políticas que se viven a nivel República Mexicana, es necesario dejar asentado aquí que lo que está por venir a partir de los primeros días del ya cercano 2024, es histórico y será algo nunca antes visto.
La guerra de Las Malvinas, la del Golfo Pérsico, la de Vietnam, la propia Revolución Mexicana, van a resultar una tarde de niños con bombones y helado, comparado con lo que vamos a ver en el 2024.
