Cartas a la redacción:
Xalapa: Donde el agua no llega, pero las botargas y los moches sobran. Xalapa, la Ciudad de las Flores y ahora, de la creatividad administrativa surrealista. Mientras los ciudadanos abren la llave para recibir aire, a precio de champaña, la administración de la alcaldesa Daniela Guadalpe Griego Ceballos ha decidido que la gestión del agua no necesita ingenieros, sino una buena dosis de coreografías políticas y una nómina que parece más un “déjà vu” del Instituto de Pensiones del Estado (IPE).
I. El IPE: ¿Cartera de Talentos o Agencia de Colocaciones? Vaya sorpresa nos hemos llevado. La promesa de una CMAS profesionalizada, con perfiles de alto calado, se esfumó más rápido que el agua en estiaje. Resulta que el «talento» para manejar las válvulas estaba escondido en las oficinas del IPE. Pareciera que el requisito para dirigir el agua en Xalapa no es saber de hidrodinámica, sino tener el sello de pasaporte del IPE. Vaya, vaya… ¿Será que confunden el flujo de efectivo con el flujo de las tuberías?
II. El Engaño del «Rescate»: Pagar con Dinero Ajeno lo que te Sobra en Caja. Hablemos de la joya de la corona: El supuesto «rescate» de la deuda con Banobras vía SEFIPLAN. Según los estados financieros, CMAS tiene la solvencia para pagar sus compromisos. Pero claro, es más rentable políticamente simular una quiebra para que el Estado «entre al quite». Es una triangulación de antología: CMAS se ahorra su flujo de caja (¿Para qué lo usarán?) y la Alcaldesa se cuelga la medalla del saneamiento y al final, el xalapeño paga doble en el recibo de agua y en los impuestos estatales. Genios de la contabilidad y de la simulación.
III. La Deuda Invisible: Juicios, laudos y el garrote al trabajador. Mientras presumen que liquidarán la deuda con Banobras, esconden debajo del tapete una montaña de pasivos contingentes que ya superan por mucho a la deuda bancaria. Los juicios laborales y civiles perdidos son un agujero negro que sangra al organismo. Y mientras los «jefes» cobran puntual, la administración ha institucionalizado la bonita costumbre de postergar el pago a los trabajadores de a pie. No es falta de dinero, es estrategia de jineteo. Retrasar pagos para generar rendimientos o simplemente, para que la «bola de rateros» tenga más margen de maniobra mientras el empleado espera lo que por ley le corresponde.
IV. Cartera Vencida: El Club de los Amigos Protegidos. ¿Por qué nos suben el agua a nosotros? Porque a los «dueños de Xalapa» no les cobran. Mientras a una familia de la periferia le cortan el servicio por dos meses de retraso, la cartera vencida millonaria de los grandes empresarios y aliados políticos sigue intacta. Es la justicia de la «forastera»: Garrote al pueblo y alfombra roja al influyente. Una administración prepotente que financia la morosidad de la élite con los recargos de los pobres.
V. Antropología del «Moche», tickets del hambre y el perro apaleado. Mención aparte merece el Director, Eric Juárez, ese ladero cuya trayectoria es digna de realismo mágico: De una bodega de cinematografía, a dirigir un organismo técnico. Como «antropólogo», su única especialidad parece ser el estudio de cómo extraer recursos públicos para alimentar una carrera política que nació muerta. Su gran aporte ha sido importar personal del municipio, incluyendo a su «Chofer de Oro». Es insultante que, bajo sospechosos sueldos de especialista, se mantenga a una guardia pretoriana dedicada a lamerle las botas tras sus jornadas de humillación. El cinismo llega al grado de pretender que Xalapa le pague hasta los tickets de consumo y gasolinas a él y su bola de asesores mediocres. Pobre payaso, un buscador de oportunidades que, tras ser negado y minimizado por la propia Daniela Griego Ceballos, regresa moviendo la cola en cuanto la «forastera» lo acaricia con un nombramiento. Ella lo golpea políticamente y él, como subordinado agradecido, regresa a cuidarle las cajas y a facturar sus alimentos, mientras el organismo se cae a pedazos.
VI. Un recado al ego Xalapa no es un tablero de juegos para principiantes ni una bodega para rescatar amigos humillados. Entre el ajuste al predial y las botargas de peluche, la alcaldesa demuestra que su ambición sólo es superada por su ignorancia de lo que Xalapa realmente necesita. La gente está cansada de financiar el teatro de unos cuantos «forasteros» ambiciosos. Si hay dinero para contratar a medio IPE con sueldos de lujo y para hacer marketing de quinta, hay dinero para pagarle a los trabajadores y reparar las fugas. ¡Xalapa merece transparencia, no méritos de papel!
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