No se cansan de engañar, de mentir, de burlarse de los demás. No se cansan de aventar sus falsedades como quien avienta confeti en un carnaval. Son incapaces de solucionar problemas que ellos mismos crearon, pero no se ruborizan cuando se trata de echarle la culpa a los demás, a los de ayer, a los de atrás.

Hasta la semana anterior, México acumulaba 9 mil 351 casos confirmados de sarampión, 24 mil 281 casos probables y 28 defunciones asociadas a la enfermedad. Es decir, más que preocupante, el problema es grave.

Pero en lugar de que el titular del IMSS, Zoé Robledo, aprovechara la conferencia mañanera para dar a conocer la solución a la bronca, se sacó de la chistera unas gráficas donde “mostró” que los gobiernos de Fox y Calderón se desentendieron de la segunda aplicación de la dosis contra el sarampión lo que alteró el esquema de vacunación.

Y aunque no lo dijo, dio a entender que ambos son los responsables del contagiadero que hay en la actualidad.

Más cinismo, imposible.

Durante el sexenio de Carlos Salinas (1988-1994), el entonces titular de la Secretaría de Salud Jesús Kumate, un eminente pediatra, infectólogo e investigador, impulsó la Vacunación Universal al grado que erradicó el sarampión y disminuyó a su mínima expresión enfermedades como la poliomielitis y el cólera.

En las administraciones de Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, se reforzó la Vacunación Universal cuya cobertura casi llegó al 100 por ciento. En esos 24 años el promedio de vacunación anual contra el sarampión fue de 98.7% en la primera dosis y 99% en la segunda. Mientras que en el sexenio de AMLO la cobertura fue de 79.9% en la primera dosis y 69% en la segunda.

En tiempos del doctor Kumate se estableció el programa “Todos los niños todas las vacunas” que logró equidad inmunológica al proteger a millones de niñas y niños contra más de 15 enfermedades.

Este programa lo siguieron religiosamente los gobiernos que sucedieron al de Carlos Salinas, hasta que llegó Andrés Manuel López Obrador y lo mandó al diablo. ¿Resultado? En la actualidad sólo cuatro de cada diez menores reciben el esquema de vacunación completo, lo que es un crimen cuyo principal responsable, aparte del tabasqueño, es el doctor muerte Hugo López-Gatell.

Pero quienes escucharon el choro de Zoé y son cuatroteístas hasta el tuétano, llegaron a la conclusión de que cada menor que fallece por el sarampión o queda con malformaciones de por vida porque no recibió a tiempo las gotitas de Sabin (la vacuna contra la polio), es por culpa de los infames gobiernos neoliberales, ladrones y corruptos del pasado. Cuando eso no es más que una cochina mentira.

¿Y qué ha hecho el gobierno humanista de la 4T?

Nada que no sea mentir y difamar. Nada que no sea seguir responsabilizando a los de atrás. Aunque nada tarugos, se abstienen de echarle la culpa al gobierno del pasado reciente, responsable del desabasto de medicamentos, de la muerte de 300 mil mexicanos por el mal manejo de la pandemia y del fallecimiento de miles de niños del 2019 a la fecha.

Una enfermedad mortal de necesidad por generaciones, pero erradicada de nuestro país durante los detestables gobiernos del PRI fue la tuberculosis. En la actualidad Veracruz ocupa el primer lugar nacional con 135 casos. Y de seguir la negligencia pronto regresarán con más fuerza la viruela, la tosferina, la rubeola, el paludismo y un largo etcétera de enfermedades ya erradicadas o casi erradicadas.

¿Hay solución al problema? Sí. Regresar al programa de compra y distribución de medicamentos de antes a fin de acabar con el desabasto. Y lo mismo debe pasar con el esquema de vacunación que había hasta antes del 2018.

Guácala no, ni pensar en copiar algo que tenga que ver con el pasado neoliberal “que tanto daño ocasionó al país”.

Pues no hay de otra.

De que los gobiernos del PRI y el PAN fueron corruptos y ladrones… uta. Pero jamás cometieron el crimen de dejar a la población sin medicamentos.

Hasta donde se sabe, nunca nadie escuchó a Salinas, Zedillo, Fox, Calderón o Peña, culpar a sus adversarios políticos por la falta de medicinas. Y salvo rarísimas excepciones que las hubo, si no había un medicamento se buscaba, se compraba, se traía de donde fuera y se entregaba donde hacía falta.

Lo que está haciendo la 4T con el desabasto es un crimen de lesa humanidad. Y las falacias a las que recurre con desfachatada desvergüenza desde hace siete años para justificar su ineficacia, son un acto netamente criminal.

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