-Ya está pensado y analizado, – le dice Rogaciano a Casimiro Nepomuceno, su compadre.

– ¿Qué está pensado y analizado, compadre?

-El asunto ese de que los gringos todos los días y a cada rato nos están amenazando con invadirnos para venir por los grupos criminales que andan haciendo de las suyas en los negocios, en el campo, en los hogares y que el gobierno de nuestro país no se atreve a tocarlos y mucho menos enfrentarlos-

-Ya se han llevado a varios de nuestros compatriotas, ciudadanos honorables que son empresarios y generadores de empleos en todo el país; a nuestros compañeros de partido, les han retirado sus visas, los han difamado diciendo, sin pruebas, que están involucrados en no sé qué malos pasos y otras cosas más, carentes de veracidad-

-En la más alta magistratura de nuestro país, una voz valiente y decidida, ha enfrentado con valentía nacionalista, los embates de los vecinos del norte, y ha puesto el pecho y la frente para detener la embestida de los hijos del Tío Sam. -Pero es necesario hacer más, compadre-

-Esos güeros, quienes nos han amenazado con aumentar los aranceles a nuestros productos, con deportar a nuestros paisanos, a quienes califican de lo peor, ya me tienen hasta la coronilla, compadre-

-Yo creo, compadre Casimiro Nepomuceno, que hombres como usted, algunos otros valientes y su servidor, los que ya estamos cansados de soportar las afrentas de los gringos, a quienes a lo largo de la historia hemos considerado primos y, a veces, les hemos llamado hasta hermanos, nos sigan mal informando ante el mundo mundial; debemos de tomar el toro por los cuernos y hacer algo, compadre–

En todo eso, tiene usted mucha razón, compadre Rogaciano.

-Claro que sí, compadre, tengo razón y ya no es posible que un día sí y al otro también, en todos los noticieros den información de que el señor presidente del país del norte, cada día nos acuse de actos y acciones que cometemos todos los mexicanos, como si todos los mexicanos fuéramos o seamos culpables de todo los que se les ocurra-

-Es el momento, compadre Rogaciano, de actuar, de hacer algo y ¡hacerlo ya!

– ¿Y cómo en qué está pensando compadre Casimiro?

-Pues, compadre, en lo que estoy pensando es en la única solución que tenemos para parar de una vez por todas, todo lo que los güeros le están haciendo a nuestro país-

– No hay de otra, compadre Casimiro Nepomuceno, ¡¡vamos a juntar nuestros esfuerzos, nuestro coraje y he decidido que debemos declararles la guerra a nuestros vecinos!!

– Me asalta una duda, compadre Rogaciano, y no dejo de admitir que tiene usted toda la razón, le asiste la razón entera; pero, concediendo sin aceptar y entendiendo que declararles la guerra sea la solución para que ya no nos tachen de lo peor y mucho menos sigan molestando a nuestros empresarios, agraviando y difamando a nuestros honrados y brillantes legisladores y mucho menos  que a nuestros conspicuos funcionarios del gabinete legal y ampliado los sigan señalando de cosas malas, toda vez que su conducta es honorable y sin mácula-, le hago una pregunta:

Les declaramos la guerra, pero… ¿y si les ganamos?

Nota de la Dirección:

Esta conversación corresponde a la charla entre dos alegres compadres de un país bananero, quienes se sienten ofendidos por lo que se publica allende a nuestra frontera. Cualquier semejanza con la realidad es y será mera coincidencia.