En 1987 estuvimos en Buenos Aires, Argentina. Fuimos al cine a ver
un documental sobre el Mundial del 86. La figura principal fue
Diego Maradona. Al inicio de la proyección hubo un paneo del
terremoto del 85 en la ciudad de MÉXICO, con escenas
desgarradoras. En el instante la mayoría de los asistentes se
levantaron aplaudiendo el valor de los mexicanos. *** Que
supieron reponerse para llevar a cabo el segundo Mundial con
mucha dignidad y grandeza. Momento emotivo para los nacionales
que estábamos en ese homenaje de un pueblo a otro. Se reconocía
la fortaleza y humanismo- comentaron- que mostraron en la ayuda
a los muy afectados rascando en los escombros. *** En el Mundial
del 70 ver a Pelé jugar fue gran emoción al igual que en el 86 a
Maradona. Con el triunfo de Argentina la locura. La algarabía
terminó en el Ángel de la Independencia. Los visitantes disfrutaron
una ciudad maravillosa llena de grandes atracciones turísticas e
históricas. Gozaron de la hospitalidad, calidez de sus habitantes. Del
tequila y tacos. *** La ciudad hoy anfitriona fue indigna de una
gran Nación. La transformación es un retroceso. Estado fallido.
Decenas de agrupaciones de mexicanos – diferentes sectores
sociales- que no han sido atendidos debidamente por un gobierno
inepto, corrupto. Que dilapida el erario -para la mejoría de
servicios básicos en beneficio de la población- en enviar gasolina,
medicina, dinero a Cuba y otros países. *** Un momento de
alegría, emociones en contraste con miseria, dolor, impotencia,
indignación de los que no se escuchan. Ambiente enrarecido.
Nutrida presencia de militares y guardia nacional que veían
impávidos el dolor de las madres de desaparecidos que piden
hablar y ser escuchadas como otros muchos más. Gobierno
“humanista” sin conmiseración. *** Y para…
