Tras las elecciones de Coahuila, diversos dirigentes opositores reaparecieron con una afirmación que hemos escuchado repetidamente durante los últimos años: ¡sí se le puede ganar a Morena!, y el triunfo parecía confirmar dicho anhelo.
La frase parece contundente, implacable, inocultable.
El problema es que parte de una lectura equivocada de la realidad política mexicana.
Lo ocurrido en Coahuila difícilmente puede interpretarse como una demostración de que la oposición tradicional ha recuperado competitividad nacional. Por el contrario, refleja las particularidades de un estado que durante décadas ha sido uno de los bastiones históricos del PRI.
La estructura política local, las redes de poder construidas a lo largo del tiempo y la permanencia de una cultura política específica convierten a Coahuila en un caso excepcional, no necesariamente representativo de lo que ocurre en el resto del país.
Por ello resulta arriesgado extrapolar automáticamente esos resultados a la realidad nacional.
Más importante aún es comprender que la pregunta fundamental no consiste en si Morena puede perder una elección.
Toda fuerza política puede perder elecciones.
La verdadera pregunta es quién está en condiciones de convertirse en una alternativa nacional creíble.
Y ahí es donde comienzan los problemas para la oposición tradicional.
Durante años, una parte importante de sus dirigencias ha preferido concentrar sus esfuerzos en la confrontación permanente, la denuncia mediática y la descalificación del adversario.
Sin embargo, la experiencia demuestra que ninguna fuerza política puede reconstruir legitimidad únicamente a partir de la crítica.
Las sociedades no votan solamente contra algo.
También votan a favor de algo.
Y hasta ahora la oposición ha mostrado enormes dificultades para explicar qué proyecto de país propone para México.
No basta con señalar errores gubernamentales, no basta con denunciar problemas de seguridad, economía o administración pública, porque la ciudadanía necesita conocer cuál es la visión de futuro que se ofrece, qué modelo de desarrollo se propone, qué reformas institucionales se consideran necesarias, y qué respuestas existen frente a los desafíos tecnológicos, económicos y sociales del siglo XXI.
En lugar de ello, buena parte de la oposición continúa atrapada en una lógica reactiva, que los llevó a en lugar de proponer soluciones, a instalarse en un critica mediática.
Una lógica que parte de la idea de que el desgaste del gobierno terminará produciendo automáticamente una alternativa, la historia demuestra que eso rara vez ocurre.
Las alternativas políticas no nacen del desgaste de los adversarios, nacen de la capacidad para construir esperanza, credibilidad y proyecto.
Por otra parte, tampoco puede ignorarse que una parte importante de la pérdida de legitimidad de los partidos tradicionales fue consecuencia de sus propias decisiones: corrupción, privilegios, distancia respecto a la ciudadanía, y falta de auto crítica.
Mientras estos temas permanezcan sin resolverse, cualquier intento de reconstrucción enfrentará serias limitaciones.
Esto no significa que Morena carezca de problemas o que el proyecto iniciado en 2018 sea suficiente para resolver todos los desafíos nacionales.
Todo gobierno tiene límites.
Toda transformación enfrenta contradicciones.
Y precisamente por ello México necesita debate público, crítica responsable y competencia democrática.
Pero una cosa es construir una alternativa, y otra muy distinta es asumir que cualquier resultado electoral aislado demuestra que esa alternativa ya existe.
El caso de Coahuila parece más cercano a lo segundo que a lo primero.
La verdadera discusión para los próximos años no consiste en determinar si Morena puede ser derrotado.
La discusión consiste en identificar quién será capaz de construir una propuesta nacional más sólida, más moderna y más convincente para el México del futuro.
Porque la política democrática no consiste únicamente en ganar elecciones, consiste en ofrecer proyectos de nación capaces de responder a los desafíos de su tiempo.
Y esa tarea continúa pendiente para buena parte de la oposición mexicana.
Este artículo forma parte de las líneas de investigación sobre inteligencia política, gobernanza estratégica y prospectiva electoral desarrolladas por CONSILIUM.
CONSILIUM
Pensar el poder. Comprender la realidad. Construir el futuro.
Junio de 2026
