Hace un año las fuerzas de seguridad pública del gobierno federal coordinadas con autoridades del estado de Mexico ejecutaron la “operación enjambre” cuyos resultados pusieron al descubierto los vínculos de autoridades municipales con la delincuencia organizada, algunos ediles penan cárcel, otros son fugitivos. Ayer, el secretario de seguridad, García Harfuch, dio información acerca de la Operación Enjambre en Morelos con la detención de varios ediles y el alcalde de Cuautla en grave predicamento. Coincide esa nota con noticias acerca de dos alcaldesas chiapanecas detenidas por hallárseles culpables de extorsión, secuestro y otros delitos. Hace algunas semanas nos enteramos del secuestro del alcalde de Taxco, liberado por la presión ejercida por las fuerzas de seguridad movilizadas para rescatarlo, ese edil está bajo sospecha de colaborar con la delincuencia organizada. Con solo rascarle, en el territorio nacional esa narrativa es generalizada, e indirectamente da la razón al presidente Trump cuando diserta sobre el dominio que la delincuencia ejerce en buena parte del territorio nacional.
Debe reconocerse la diametral diferencia entre la estratégica de seguridad pública del actual gobierno respecto a la implementada por López Obrador. Atrás quedó la complaciente displicencia de los abrazos para los delincuentes, ahora se les persigue y apresa, según reportes casi cotidianos. No obstante, mientras siga vigente la cadena de políticos de diferente nivel de gobierno vinculados con la delincuencia organizada la raíz de ese mal se mantiene viva. Por mucho que pudiera disgustar la presión de un gobierno extranjero sobre el de México, por esta ocasión debemos coincidir en que ha servido para alertar sobre la dolencia social representada por las fuerzas del crimen, profusamente arraigado y extendido en todo el territorio nacional. Desde allende nuestras fronteras un mundo nos vigila, nuestra apariencia les resulta increíble: las desapariciones, la extorsión, la corrupción, la violencia, los homicidios, la impunidad del elevado número de políticos bajo sospecha, conforman un contexto que por haberlo “normalizado” ya nos resulta casi invisible, solo el soplo de las noticias desde el extranjero nos sacude del aturdimiento para preguntarnos ¿hasta cuándo?
