No habría forma de calificar las recientes acciones del ciudadano rector de la Universidad Veracruzana, más que de aspiracionista, válgaseme la expresión, a buscar de nueva cuenta el cargo de rector.
La pasividad en mantuvo a la Máxima Casa de Estudios, contrasta hoy con las acciones que en últimas fechas ha venido realizando. Durante casi cuatro años, don Martín Gerardo Aguilar Sánchez, no realizó eventos que pudieran haber destacado y proyectado la imagen de la Universidad Veracruzana.
Los Campus Universitarios ubicados a lo largo y ancho del Estado, no recibieron la atención que tanto requirieron: mantenimiento en la infraestructura, equipamiento, incremento en la matrícula, etc., lo que derivó, obviamente, en el deterioro en todos sus órdenes.
La propia UV, en su sede central, la capital del estado, durante el rectorado de Martín Gerardo, dejo de ser referente a nivel nacional de lo que en un tiempo pretérito fue.
Y si decimos que no se puede calificar de otra manera el hecho de que el señor rector, hasta ahora se le ocurra acercar la Universidad que dice dirigir al pueblo de Xalapa, es porque no habría forma de explicar que se encuentre realizando eventos o asistiendo a los mismos, presentándose con un mar de amabilidad, sonriendo y repartiendo abrazos y saludos como si de un candidato o aspirante a algún cargo político se tratase.
Luego de permanecer postrado en un elegante sillón, disfrutando del aire acondicionado de su oficina, sin atender nada ni a nadie, otorgando pírricos aumentos a las organizaciones sindicales, quienes cuales focas aplaudidoras, nunca reclamaron ni demandaron una proyección y un progreso de la Alma Mater; hoy sale don Martín Gerardo a darse, lo que se le llama, baños de pueblo.
La claridad de la ley y de lo que marca el reglamento interior de la Universidad Veracruzana, en relación a la edad que debe tener todo aquel que aspire a dirigir sus destinos, es más que evidente, y es igual de evidente que el señor rector, hasta ahora, no le ha dado ni una leída. Y parece ser que sus asesores, tampoco.
Haber asistido a un evento artístico amenizado por la Orquesta Sinfónica de Xalapa, en uno de los barrios más representativos de la capital del estado, dándose el lujo, don Martín Gerardo, hasta de pronunciar un “elocuente” discurso, repetimos, no puede calificarse más que un claro aspiracionismo de parte de quien desea continuar al frente de los destinos de la Universidad Veracruzana, aunque la edad no se lo permita. Y la ley, tampoco.