Por Fernando Hernández Flores*
Estimado camarada, tu tarea fue muy importante en el territorio mexicano. Tu presencia en distintos estados del país (Puebla, Morelos, Baja California, Ciudad de México, Estado de México, Veracruz, entre otros), dejó una huella profunda en las personas que estuvieron cerca de ti, llámense amigos, familiares, conocidos que se acercaron y te escucharon, la gente del pueblo, o tus alumnos que hoy tienen doctorado, maestría o la carrera universitaria, además de ser investigadores de tiempo completo. Sembraste en tierra fértil y eso se valora mucho, querido amigo.
Los exalumnos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), te deben de recordar porque tú los asesoraste en las distintas líneas de investigación. Ellos se interesaron, se apropiaron e hicieron suyo el proyecto de la instrumentación óptica. Al ser formado académicamente en México y en el extranjero desde la visión de la física, hizo que tuvieras otras maneras de ver el mundo. Al trabajar como óptico y al relacionarte con los telescopios, hizo que vieras las estrellas a través de su lente. La propuesta que hicieron varios amigos para que en las escuelas hubiera un telescopio, lo cual permitiría que los alumnos tuvieran la oportunidad de observar más allá de las nubes, fue muy buena. Las personas no nos detenemos a ver el cielo durante la noche, a veces es porque la luz de los edificios, los carros y los espectaculares nos lo impiden. Que bueno es explorar el universo desde la tierra con la ayuda de un telescopio. En el Instituto de Astronomía de la UNAM también deben saber de ti, tu labor como investigador fue muy constante en el ámbito de la física práctica.
También participaste en el movimiento estudiantil desde muy joven, estuviste muy cerca de nuestro paisano Heberto Castillo. Sus juntas eran intensas y la defensa del comunitarismo lo seguiste al pie de la letra hasta hace unos días. Lograste ser un legislador distinto y conociste a varios políticos mexicanos, pero jamás te dejaste contaminar por los malos servidores públicos. Trataste a cada uno de ellos, como también tuviste amistad con intelectuales de renombre en el plano nacional e internacional como Luis Villoro y Elena Poniatowska. Edgar Morín, con “Mis demonios”, marcó tu vida. Tu sencillez, fue la manera adecuada para caminar con la frente en alto, sin que nadie te señalara por una mala acción.
De tus dos amores, tuviste tres hijas, a las que amaste incondicionalmente. Con errores y aciertos como todo ser humano. Fuiste un padre ejemplar, entregado en cuerpo y alma a ellas. Me dio gusto saber que una de tus hijas vive en Puebla, en un pueblo mágico con costumbres, tradiciones y que hablan un idioma originario. Lugar que visité para el análisis y los avances del enfoque intercultural en México con personal de la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe de la SEP, allá por el año 2005. Tu hija más pequeña se parece demasiado a ti, trae esa sangre de los Harris. Cuando nació, la emoción y el entusiasmo regresaron a ti. Traías la cámara fotográfica y le tomabas infinidad de fotos, desde diferentes ángulos.
Estuviste en el observatorio más importante del país por la UNAM, dándole mantenimiento a los telescopios, ejerciendo tu labor como óptico, facilitando el trabajo de los astrónomos. Pero un día llegó la jubilación y tomaste en serio, el retiro. Hiciste una filosofía, tu propia vida. Fuiste muy sensible y atinado en tus comentarios. Desde hace dos años, en el Mercado Bioregional Coatl nos reuníamos cada sábado, hasta que decidimos formar un Consejo Literario entre amigos. Nos veíamos en un café, en tu casa o en la casa de alguna amistad. Lo importante era leer textos varios, comentar y pasar un rato agradable entre las amistades. De pronto, te enfermaste y paulatinamente fuiste bajando al ritmo de actividades que realizabas.
El 15 de mayo estuvimos contigo y te despedimos escuchando fandango. Es lo que te gustaba más. Querías tener ese ambiente. Todos te rodeamos, ahí estabas, pero no podías hablarnos, dormía tu cuerpo, pero tu espíritu brillaba intensamente porque estabas trascendiendo como las estrellas que observaste en varios instantes desde el telescopio. Hoy eres un guerrero águila. Te envió un fuerte abrazo desde esta dimensión hasta la dimensión en la que ahora te encuentras, apreciado amigo, Oswaldo Harris Muñoz. Sigue brillando desde donde estés, mientras, aquí te seguiremos recordando por los que fuiste y por lo que eres.
(*) Escritor veracruzano de un rincón del Totonacapan. venandiz@hotmail.com @tepetototl
