Editorial.
Ahora sí, sin límite de tiempo, ya vienen las campañas políticas en todo su esplendor y coronadas de los más sugerentes calificativos de unos contra otros y de todos contra todos.
En el tiempo que dure el proceso de las campañas, los candidatos, los aspirantes a un cargo de elección popular, en contra de sus adversarios, habrán de sacar todo un gran repertorio de expresiones los cuales le van a endilgar al oponente con tal de ver disminuida la preferencia del respetable electorado.
O sea, como dijéramos, van a tomar una ‘nica llena de estiércol y, con ventilador encendido, la van a arrojar y, entonces, el salpicadero va a estar de pronóstico reservado.
En las campañas ya definitivas, los trapos al sol van a estar expuestos y a la vista de todos. Los señalamientos, las acusaciones y toda la podredumbre que se ande cargando algún aspirante, van a quedar a la luz pública. Huelga decir que hasta el número de alguna Carpeta de Investigación en manos de la Fiscalía General de la República y las Fiscalías de los Estados en donde habrá elecciones, van a salir publicadas en los Medios de Comunicación.
En Veracruz, el caldero está a punto de estallar y al horno no se puede meter un bollo más. Los ánimos están al rojo vivo y la muestra ya la dio un diputado local que increpó a uno de sus iguales, por la simple y sencilla razón de que había externado opiniones en contra de su amigo el gobernador.
Las ofertas de mejorar todo, de rescatar lo que se ha perdido, de crear y buscar las alternativas para mejorar todo lo que se ha hecho mal en estos cinco años, son la promesa principal.
La moneda está en aire.
