Por Sandra Peñaloza

Cruel, sanguinario, así fue el crimen de Gladys Merlin y su hija en Cosoleacaque.

La noticia trascendió a nivel nacional e internacional en las primeras horas del 15 de febrero, desde un Veracruz que en los últimos tiempos ha sido escenario de la lucha por el territorio y los cotos de poder, por supuesto no solo a nivel político sino al más puro estilo de aquellos personajes de Walt Disney, los chicos malos, algunos, ya sin el antifaz.

Las víctimas, para variar, dos mujeres consideradas como precandidatas a puestos de elección popular representando a la alianza que curiosamente han conformado corrientes e instituciones políticas, un verdadero coctel, entre PRI,PAN Y PRD.

Una madre, exdiputada, una hija, que aspiraba a serlo.

Ni una ni otra lograrán su cometido, desde ayer en la madrugada son parte de la historia roja de un Veracruz que en los últimos dos años ha incrementado ostensiblemente su etiqueta roja, y no precisamente por ser el más significativo de los tres colores que distinguían al partido que por casi un siglo dominó en los mandos de poder.

Ante la inseguridad manifiesta que se vive en Veracruz, aunque el gobernador y el secretario de gobierno le informen al presidente que aquí todo está bien, ante los hechos y la estadística simplemente no hay defensas.

Nuestra entidad, con un territorio que ya envidiarían países de sudamerica y de la misma Europa, con una serie de recursos naturales que son la envidia de otras naciones, gracias a la mala administración de sus gobiernos, ahora es una bazofia y no hay distinción entre los partido políticos. Aunque una cosa es cierta, tal pare3ce que hay una lucha encarnizada por llegar a conocer cual es el peor de ellos.

La violencia no solamente es una característica del sur de la entidad, allá donde domina la JEFA, la parienta de quien usted ya sabe, sino que lo mismo el centro y el norte de la entidad, están bañados de sangre.

Recuérdese los asesinatos de las alcaldesas de Mixtla de Altamirano y de Jamapa, de la maestra Guadalupe Martínez en la Capital del estado, ahora también de los miembros de la familia Merlin Alor, pero los hechos de violencia contra mujeres metidas a la política, doctoras, periodistas pobladoras, también tienen dotadas a familias de varones como la del precandidato al gobierno municipal de Ursulo Galván, Gilberto Ortíz.

Ultimado en la semana pasada a la salida de Cardel y, ya en el municipio de puente nacional, pero más atrás está también el asesinato de Juan Carlos Molina…………. Pero todo esto es por mencionar apenas algunos.

Pero en Veracruz nos engañan diciendonos que el Indice delictivo está a la baja.

Matanzas de policías tanto municipales como del estado, fiscales, policías ministeriales, nadie escapa a la violencia en que lamentablemente hoy se encuentra sumida la entidad jarocha.

La lista es innumerable, existiendo asesinatos como los de María Elena Ferral, que pomposamente el gobernador y la fiscal Verónica Hernández, presumen de estar aclarados, lo que es falso.

Podríamos seguir mencionando uno y mil casos, lo que de nada serviría, porque la verdad no saldría a la luz pública, salvo que en palacio de gobierno, conozcan la realidad de lo que ha surgido en todo esto, incluyéndose origen y finalidad de los actos, digo, para conocer a quien benefician o han beneficiado la desaparición de estas personas.

Quizá, las matanzas en Veracruz no existen y nosotros tontamente pensamos que si domina la criminalidad en nuestro estado o solo nos queda actuar, haciendo como que les creemos y que quienes nos aseguran que todo está bien en Veracruz, crean que nos engañan.

Pero si queremos que prive el derecho a conocer la verdad, ya va siendo tiempo de que nuestras autoridades aprendan a leer y revisen la llamada ley máxima del país.