Una vez más la realidad incurre en el dilema de demostrar lo que axiomáticamente se repite acerca de que en política las coincidencias no existen, es decir, cuando dos acontecimientos se yuxtaponen “fortuitamente”, pero tienen alguna vinculación. Así sucede con la referencia del embajador de los Estados Unidos en México, Ken Salazar, acerca de la iniciativa de reforma constitucional en materia de energía eléctrica: “Quiero aprender más sobre el ímpetu de esta reforma constitucional. Expresé serias preocupaciones de Estados Unidos”, y casi en automático desde la bancada de Morena en la Cámara de diputados federales se sugirió la posibilidad de aplazar hasta abril próximo la discusión y aprobación de la reforma en comento. Por lo menos en apariencia sí existe vinculación entre ambos contenidos. Está comprobada la sensibilidad del gobierno mexicano para reaccionar al menor asomo de “insinuaciones” o “sugerencias” provenientes allende el Bravo, tal ocurrió con la advertencia de Trump sobre imponer aranceles a productos mexicanos, lo cual finalmente ocasionó un viraje en la política migratoria; igual aconteció con las reacciones después de las visitas del primer equipo del gobierno norteamericano para asuntos de Seguridad, ¿por qué habría diferencia ahora? Para culminar con el “sospechosismo” de las casualidades, el experimentado político, Ricardo Monreal, califica de “prudente, sensata y correcta”, el aplazamiento, sabe lo que dice sin duda, aunque señala que no se debe a presiones externas. Si bien el lenguaje político y el diplomático tiende a ser muy críptico, con mucha frecuencia la realidad obliga a dar señales que, por repetidas, ya se conocen.

