Si Usted tiene un problema con el SAT, la Procuraduría del Contribuyente le ayuda, o por lo menos le orienta.

Si tiene problemas con un negocio, la PROFECO le ayda.

Pero, ¿a dónde o con quién puede acudir si tiene un problema con una línea aérea?

Desde el 10 de Octubre la PROFECO anunció que sancionaría a las aerolíneas que cobraran el equipaje de mano, y hasta hoy solo se ha logrado que los pasajeros tengan que batallar con su maleta (por que solo se permite una) al subir al avión.

Las aerolíneas decidieron unilateralmente que la tarifa básica no incluye equipaje de mano, dice el comunicado de PROFECO, por lo que el precio del vuelo aumenta considerablemente si te decides a documentar tus maletas para no ir “cargando” con ellas.

Pero  ¿qué ha hecho la PROFECO hasta hoy?  Al parecer nada, pues la situación continúa.

Si hay mal tiempo y pierdes tu conexión, tienes que comprar otro boleto porque no fue su culpa que te regresaras.

Si por algún motivo llegas tarde solo se remiten a cobrar y no se preocupan por tu situación.  Eso me tocó vivir hace unos días.  Un grupo de extranjeros estaban furiosos en el aeropuerto de la Ciudad de México porque algún trabajador les dijo que fueran a una sala y era en otra donde su vuelo saldría, cuando éste se anunció no alcanzaron a llegar a tiempo.

No hay nadie a quien acudir, nadie te auxilia, solo se remiten a volver a cobrar tu salida, si es que hay en ese momento.

Tampoco existe comunicación entre seguridad del aeropuerto con las aerolíneas.  Una empresa privada es la encargada de la seguridad del lugar, y no saben o no quieren comunicarse con las aerolíneas cuando existe una situación como la que me pasó:

Viaje de la ciudad de Tampico, Tamaulipas a la Ciudad de México, al tratar de ingresar a la sala para tomar el vuelo hacia Hermosillo se me acabó la pila del celular, apenas pude ensañar el código QR y boleto a los “guardias”, pero no fue suficiente para que comparan el nombre con mi credencial de elector.

El vuelo partía a las 4:30 pm., eran las 4 de la tarde cuando pedí al guardia que hablara a la aerolínea para que verificara con mi credencial de elector el vuelo, me dijo que no podía, que solo podía hablar con su jefe, y como si fuera chiste, no tomó el radio para hablarle al “jefe”.

Pasaban los minutos, así que insistí en que hablara con el “jefe”.

4:10 Un joven con caminar desparpajado va y saluda a la señorita que estaba como a 20 metros de nosotros, se da su tiempo para voltear y caminar hacia nosotros.

Le expliqué la situación y me dijo que no podía hacer nada.  Eran las 4:15.

Cuando viajaba de Tampico a la CDMX me di cuenta que el celular traía poca carga, en ese avión no había forma de cargar el teléfono, así que previniendo que podía perder mi acceso, le envié mis datos a 2 de las compañeras con las que viajaba para que me ayudaran en caso de que se acabara la pila.

Sin embargo, al llegar a la CDMX la mayoría de las compañeras del grupo con el que viajamos se fueron en un camión que las trasladaría al aeropuerto, a Miriam y a mí nos tocó otro camión.  Así que a la hora de la conexión de vuelo nos separamos.

Antes de que se acabara la pila alcancé a pedirle a una de las compañeras que avisara en el mostrador de la aerolínea que no traía pase de abordar y que hablara para permitir mi acceso.

Como confiaba en eso, no me alarmé hasta que eran las 4:15 y el “jefe” gesticulaba como si estuviera informando del caso pero yo no alcanzaba a escuchar ni un solo sonido.

Como Usted ya sabe, no se entiende ni madres a quienes hacen anuncios por el micrófono en los aeropuertos, pero el suspiro de los 4 jóvenes que estaban cuidando que no cruzara la línea me dio la señal de que el joven había recibido la orden de que yo pasara.  El reloj del “jefe” marcaba las 4:20.

En ese momento llegó una joven con un chaleco entre amarillo y verde, y le dio instrucciones al “jefe”, acompáñala.

Entramos a un elevador y me pregunta el “jefe”, ¿sabe a qué sala vamos?

En ese momento empecé a sentir que “lo Aguayo” subía de nivel.  Respiro, sonrío y le regreso la pregunta: ¿No te dijeron a dónde me llevarías?

Como si el “jefe” disfrutara la situación, me dijo que no sabía.

Cerré mis ojos con la idea de recordar, aunque mi mente traicionera solo pensaba en cerrar el puño y noquear al “jefe”, total, la diferencia de tamaño no era mucha, pero sí de peso.

Sala C, puerta 75. Apareció en mi mente y lo leí en voz alta.

Caminamos a la sala C, tuvimos que subir varias escaleras, tramos en las que yo tenía que cargar la maleta.  Ahí comprobamos que la puerta 75 fuera la indicada.

Seguimos la travesía, y al empezar un camino con una rampa larga la joven que cuidaba la entrada me dijo, pásele y corra.  Y así lo hice.

4:30 Llegué a la puerta 75.  La fila de pasajeros con rumbo a Hermosillo empezaba a moverse.  Una señorita me preguntó si traía pase, le dije que no mostrándole la credencial de elector, tomó mi nombre y pasaron unos minutos cuando volvió con mi pase de abordar.

Si Usted cree que esto es cardiaco, mejor no le platico lo que vivió Lizeth, otra compañera que cuando iba a Tampico tuvo un altercado en Hermosillo porque la aerolínea aseguraba que no tenía boleto, se fue en la mañana pero tuvo que quedarse en la CDMX porque el vuelo hacia Tampico sería hasta el día siguiente.

Llegó a Tampico sin maleta (no sé si ya la encontraron), al regresar a Hermosillo volvió a tener problemas y la mandamos a hacerse una limpia.

Aunque lo mejor sería tener a una instancia dentro del mismo aeropuerto que nos apoye.

¿Recuerda que le comenté sobre un grupo de extranjeros?  Les sugerí que fueran a su embajada y se quejaran y que escribieran mal de la aerolínea en redes sociales.

A mí solo me queda compartir mi aventura con usted, al parecer no hay nadie que haga algo al respecto.

Las autoridades no pueden ni controlar el acceso de “autos chuecos” al país, menos que nos den buen servicio  las aerolíneas.

Por cierto, ¿ya vio qué bonitas las placas de “autos chuecos”? 

Parece que la asociación es SEGUPAF. 

Gracias por su atención y tiempo, y por favor, ¡sonría!, recuerde que podría ser peor.