Un fenómeno digno de ser tomado en cuenta en este país es el relativa a la proliferación de reportes periodísticos que revelan las malas andanzas de servidores públicos, de asuntos que pudieron pasar desapercibidos pero que los medios de comunicación se han encargado de divulgar con fundamentos de innegable crédito. De no ser por las filtraciones recibidas en algunos medios o por la acuciosa investigación periodística nadie se hubiera enterado de los viajes de lujo de Andy López Beltrán, ni de los vínculos de Hernán Bermúdez con el crimen organizado, tampoco del “huachicol fiscal”, de las inversiones millonarias de Adán Augusto López, tampoco de los viajes de Noroña ni del elevado valor de su casa en Tepozotlán, y qué decir del escandaloso trasiego de la señora Taddei en el INE, de igual manera se exhibió la agresión del exdirector de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, contra su esposa. Sin los develamientos de la prensa no hubiera trascendido el viaje de Monreal en helicóptero prestado por Pedro Haces, menos nos hubiéramos enterado del secreto domicilio de Amílcar Olán en Suiza ni de cuánto dinero registran sus cuentas bancarias, tampoco nos hubiéramos enterado de los contratos conferidos a su favor para suministrar balastro para el Tren Maya, abundan los reportes periodísticos acerca de las investigaciones sobre las andanzas de Rocha Moya y sus vínculos con la delincuencia organizada, ¿y qué fue de la megafarmacia de AMLO convertida ya en un bodegón vacío? Todo ese enjambre de conducta leoninas de quienes se suponen “diferentes” no sería del dominio público sin la oportuna información de los medios digitales e impresos que aún conservan su autonomía. En notas periodísticas o en columnas de análisis se comenta esa avalancha de inmundicias que ya es imposible que permanezcan inéditas por la complicidad de las autoridades encargadas de evitar que se produzcan.

En ese contexto acerca de nuestra insoslayable realidad se inscribe en paralelo el editorial del The New York Times de ayer exhortando a la ciudadanía estadounidense a votar en contra del partido del presidente Trump: “Trump ha fracasado. Hay que hacerle rendir cuentas”, a la vez convoca a devolver a la normalidad a “un país que empieza a deslizarse por la corrupción, la incompetencia y el abuso de poder”.  “Los votantes deben tener presente el incumplimiento de Trump de sus promesas electorales, sus intentos de socavar la democracia estadounidense y su corrupción flagrante. Deben pensar en la aquiescencia del partido Republicano ante este abuso de poder y deben exigir responsabilidades a los republicanos”, escribe en su editorial The New York Times. Y concluye sobre la necesidad de evitar que el gobierno de Trump siga su curso “mancillado por la corrupción, la incompetencia y el abuso de poder”, que va de la democracia a la autocracia. Usted dirá si no sugiere la idea de “te lo digo Juan, para que lo entiendas Pedro”.