Shot de espresso / Stephanie Henaro Canales

El mensaje detrás de la nueva Academia Policial en Querétaro es simple. Hay una frontera que se mueve de una manera tan sutil, que para muchos es casi imperceptible.

Porque a pesar de que Querétaro está a más de 700 kilómetros con Estados Unidos, el viernes pasado el gobernador Mauricio Kuri y el embajador estadounidense Ronald Johnson, colocaron la primera piedra de la Academia Internacional de Capacitación Policial, que se dedicará capacitar a policías en la intercepción de drogas, armas y dinero ilícito. Se ha planteado que cuerpos policiacos de ciudades de EE. UU. (como Laredo, Texas) acudan a Querétaro a capacitarse, mientras que los elementos de seguridad queretanos viajarán a Texas en un esquema de intercambio bilateral de buenas prácticas.

El proyecto contempla una inversión superior a 30 millones de pesos para infraestructura, mientras que Estados Unidos ha destinado más de 10 millones de dólares durante la última década a capacitación y equipamiento de seguridad en Querétaro.

Pero en esta semana, Claudia Sheinbaum puso el freno, al cuestionar que ni la Secretaría de Relaciones Exteriores, ni la Secretaría de Defensa, ni el Gabinete de Seguridad hubieran participado en el proyecto y recordó que la cooperación de un gobierno extranjero con una entidad mexicana debe pasar por el Gobierno federal.

Así pues, mientras la discusión puede girar sobre una academia, de lo que en realidad puede terminar tratando es de una frontera.

Desde el 2025, por ejemplo, México y Estados Unidos han desarrollado las famosas “operaciones espejo”, que consisten en despliegues simultáneos y coordinados de las fuerzas armadas de ambos países dentro de sus respectivos territorios para mantener el respeto a la soberanía nacional. Como es el caso de la operación “Águila Alta” que se llevó a cabo en septiembre en la franja fronteriza entre Tijuana y San Diego.

Esto último es importante porque México ha intentado construir su relación de seguridad con Washington, basada en en cooperación sin borrar la línea. Pero el problema, es que esa línea empieza a resultar insuficiente para describir lo que está ocurriendo.

En abril, la muerte de agentes estadounidenses de la CIA en Chihuahua después de participar en un operativo antinarcóticos reveló otra realidad. Porque no tenían autorización del Gobierno Federal y la FGR abrió incluso una investigación por la posible comisión de delitos contra la seguridad nacional.

A lo que voy es que si bien Chihuahua, Querétaro, y las operaciones espejo, no son casos equivalentes, analizados juntos resultan interesantes.

Porque mientras que en Chihuahua apareció el problema de quién puede operar dentro de México. En Querétaro aparece el de quién puede construir capacidades, y en las operaciones espejo, el de cómo coordinar esas capacidades manteniendo a cada país de su lado. Pero detrás de los tres, está ocurriendo algo más profundo.

Estados Unidos está dejando de pensar su frontera únicamente como una línea territorial y la está tratando cada vez más como un perímetro de seguridad, y aquí aparece “La Gran Norteamérica.”

Porque la integración continental ya no ocurre solamente mediante fábricas, automóviles, energía o cadenas de suministro. También empieza a producir una arquitectura compartida de seguridad, que toca directamente el monopolio del Estado sobre su territorio.

Por eso la reacción de Sheinbaum importa. Porque mientras la frontera entre México y Estados Unidos sigue exactamente donde estaba. Lo que se está moviendo es cada vez más difícil de dibujar en un mapa, y Querétaro revela que el punto donde comienza la seguridad estadounidense, está cada vez más al sur.

El último en salir, apague la luz.