El intenso aguacero y las inundaciones del lunes en Xalapa (el martes a partir de las 3 de la tarde comenzó a llover de nuevo) me hicieron recordar la primera mitad de los ochenta cuando otra inundación afectó sobre todo la Colonia Salud y todo el rumbo de Coapexpan. Era otra Xalapa, más pequeña, menos poblada. Como ahora, en aquella ocasión hubo dos muertos también. Impactó porque difícilmente se inundaba la capital del estado ya que los cauces naturales no estaban bloqueados por construcciones, como ahora.
Sucesivos ayuntamientos vinieron autorizando el pavimento, viviendas, áreas habitacionales por donde pasaban esos cauces y alteraron para siempre el suelo de la ciudad, que terminó por convertirse en un monstruo de concreto, que la naturaleza castiga con su fuerza y convierte a Xalapa en otra ciudad inundable que, por lo que estamos viendo, ya no le envidia nada a Poza Rica, a Álamo, a muchas otras ciudades del norte, pero también de la cuenca del Papaloapan y más abajo de Minatitlán.
Ante el desastre material que hubo, aparte los fallecimientos, los daños a coches, motocicletas, la destrucción de tiendas, el arrastre de mercancías en tianguis, los daños a viviendas, el gran número de damnificados, resulta obligado preguntar dónde estaban la Secretaría y la Dirección de Protección Civil del Gobierno del Estado y del Ayuntamiento, respectivamente, que no previeron la cantidad de agua por caer que se venía y por lo mismo no alertaron a la población para que salvara lo que más pudiera.
Videos y fotos de lo que se estaba viviendo proliferaron en las redes en tiempo real y quedaron como testimonio de lo que sucedió la tarde-noche de ese lunes negro que para muchos será inolvidable. En todas esas imágenes no se vio, no se ve que entraran en acción de inmediato equipos de auxilio y apoyo, que por fin aparecieron cuando ya todo estaba consumado. Mientras, ciudadanos, xalapeños de todas las edades trataron de evitar los estragos con lo que tenían y como pudieron, pero su esfuerzo no fue suficiente.
Por la noche del lunes, la alcaldesa Daniela Griego (en las redes y los boletines oficiales le ponen Alcaldesa con mayúscula y le anteponen el Lic., como si eso fuera relevante) se concretó a publicar en las redes: “Esta noche, tal como lo ha instruido la Gobernadora, Ing. Rocío Nahle García, mantenemos una coordinación permanente entre las autoridades estatales y municipales para atender las afectaciones ocasionadas por las condiciones meteorológicas registradas en la ciudad”.
Pero no se le vio que se calzara las botas, se pusiera el abrigo y saliera a recorrer la ciudad para constatar de cerca la crítica situación que se vivía, para escuchar a los afectados. ¿Y la gobernadora? Por Dios, cómo preguntan: Ella estaba a buen resguardo en su mansión en El Dorado de Boca del Río, descansando, durmiendo muy cómoda y hasta calientita. Y de la secretaria de Protección Civil, Guadalupe Osorno Maldonado, ni sus luces. Se concretó a estar subiendo mensajitos en las redes, tal vez desde su cama con un chocolate caliente al lado. Pero ninguna salió al campo de batalla.
Tampoco se vieron brigadas de salud, en especial de sanitarias, que entraran en acción para tratar de prevenir brotes de dengue y otras enfermedades, ni de Bienestar censando para saber el número de damnificados y ver de qué manera se les apoya. Nada.
Cómo recuerdo aquel 12 de mayo de 2021 cuando siendo candidato a la alcaldía por segunda vez, Ricardo Ahued no distinguió un escalón caminando por un pasillo oscuro y cayó al agua estancada dentro de una vivienda que se había inundado, como ahora. Cuando pudo levantarse, él mismo comentó, con toda autoridad por lo que acababa de vivir: “Esto es lo que vive la gente”. En aquella ocasión, el entonces alcalde de Morena, otro exquisito, Hipólito Rodríguez Herrero, tampoco hizo acto de presencia en algún lugar afectado.
Por las imágenes de Alberto Morales (Beto Gato) que vi ahora de los damnificados tratando de rescatar lo que pudieran, ya pasada la emergencia, me acordé también de Fidel Herrera Beltrán gobernador, quien siempre estuvo en el momento oportuno a la hora de la tragedia con los afectados, dirigiendo personalmente las tareas de auxilio, escuchando a los damnificados y ordenando a los secretarios que empezaran a trabajar de inmediato para reponerles sus enseres de tal forma que pudieran rehacer su vida normal lo más pronto posible. Fidel mismo era un huracán de trabajo.
Xalapa, pues, apenas fue un botón de muestra de lo desprotegidos por las autoridades que están los veracruzanos ante casos de desastres naturales y en horas de emergencia. Cómo hacen falta aquel Ahued de 2021, aquel Fidel de principios de este siglo. Hasta la noche de este martes ni siquiera se sabía que como un intento de alivio les hubieran llevado despensas, colchonetas, cobijas, lo básico a los xalapeños en desgracia. Cuál humanismo. Las despensas son para cambiarlas por votos el próximo año.
Un resorte literario que movió la tragedia
Mi compañero editor en la UV, gran lector, escritor, reseñista, Rodolfo Mendoza Rosendo, no escapó a su sensibilidad literaria ante la inundación del lunes en Xalapa. Publicó un texto en las redes, otro aspecto de lo ocurrido:
“Hace 135 años fallecía uno de los verdaderos grandes: Herman Melville. El día de hoy cayó una tormenta sobre Xalapa. Hice tres horas para llegar a casa. Todo el camino pensaba, entre relámpagos y calles inundadas, en el capitán Ahab y en su periplo interior mientras cazaba a la ballena. Por mi rumbo vi muchos desastres: familias fuera de sus hogares con los muebles en la calle, muros de contención caídos, zonas sin luz eléctrica… Y seguía pensando en la gran ballena y en los posibles daños a mi casa y en como estaría la Poderosísima Amis (una gran danés de 55 kg). En casa todo bien. Yo ya daba por perdidas algunas secciones que están casi a ras de piso en la planta baja. Las fuerzas de la naturaleza son inconmensurables, las pasiones humanas, ínfimas. Sin embargo, autores como Melville me parecen tan poderosos como cualquier fuerza natural. Melville es una tormenta, como se sabe”.
OPLE disminuye gastos; hará más o lo mismo, con menos
El lunes, el Organismo Público Local Electoral (OPLE) del estado dio el primer paso en firme de cara al Proceso Electoral Local Ordinario (PELO) 2026-2027 que renovará el Congreso del Estado, con la elección de 30 diputados de mayoría relativa y 20 de representación proporcional, proceso que arrancará formalmente el próximo 6 de noviembre.
Ese día, el Consejo General aprobó el Programa Operativo Anual para el ejercicio fiscal 2027 y el proyecto de Presupuesto de Egresos para el mismo ejercicio fiscal, que debe ser validado por el Congreso local. De entrada, llama la atención que las aprobaciones se dieron con el consenso de los partidos políticos a través de sus representantes, no obstante que el nuevo presupuesto contempla una disminución de gastos en programas electorales, que ya comentaré en otra columna, y que en la sesión del lunes explicaron con detalles la presidenta de la Comisión de Administración, Maty Lezama Martínez, la presidenta del organismo, Marisol Alicia Delgadillo Morales, y el secretario ejecutivo, Luis Fernando Reyes Rocha.
Destaco el inicio en armonía organismo-representantes de partidos porque se espera una elección compleja y complicada, competida no obstante que Morena tratará de arrasar con toda su maquinaria, y ya se verá si se cumple aquello de que lo que bien empieza bien acaba.
