Actualmente en el país hay 400 medios registrados en el padrón de medios del Gobierno de México; 2,000 estaciones de radio y 500 canales de televisión, el número de portales de noticias independientes esta en constante crecimiento y no se cuenta con un padrón actualizado.  Como consecuencia y derivado de la era digital el exceso de información -o infodemia- afecta al individuo en sociedad al saturar su capacidad cognitiva, elevar el estrés y la ansiedad, y dificulta la distinción entre fuentes confiables y desinformación, lo que debilita la toma de decisiones personales y colectivas, polariza el debate público y erosiona la confianza en instituciones democráticas. Para construir un pensamiento propio en este entorno y diferenciar información real de fake news, se requieren estrategias de alfabetización digital, verificación de fuentes y hábitos de consumo crítico; las recomendaciones claves incluyen leer la noticia completa, contrastar con medios confiables, verificar autor y fecha, y romper la cadena de difusión si hay dudas.

La infodemia se define como una cantidad excesiva de información correcta, incorrecta o parcialmente correcta que dificulta encontrar fuentes confiables cuando se necesitan; esto genera ansiedad, depresión, agobio y agotamiento emocional, especialmente en jóvenes, ante la incapacidad para estar informado de todos los temas, debido a la saturación de información.

La desinformación amplifica divisiones culturales, étnicas y políticas, afecta la confianza en instituciones y puede influir en resultados electorales o deslegitimarlos, lo que la coloca entre las principales amenazas a los sistemas democráticos.

La evidencia muestra efectos a corto y mediano plazo sobre el comportamiento en línea y la respuesta emocional del individuo, así como consecuencias sobre la salud en el caso de la infodemia por ejemplo, durante pandemias.

Ante la saturación, el individuo tiende a dispersarse y no genera una forma sólida de asumir la información; por eso es clave leer con criterio, cuestionar el contenido y verificar la fuente antes de formar una opinión.

Una de las tareas pendientes consiste en desarrollar habilidades para identificar sesgos, cámaras de resonancia y la recurrente manipulación algorítmica que puede permitir elegir e informarse de manera plural y diversa, fortaleciendo la resiliencia democrática.

Las instituciones y expertos recomiendan un conjunto de pasos prácticos para verificar la veracidad de una noticia y así diferenciarlas de fake news. El primer paso consiste en verificar si proviene de un medio legítimo, con prestigio y trayectoria; si es una cadena de WhatsApp con autor desconocido, es mejor no compartirla. El segundo es verificar al autor, buscar quién escribió el artículo y si tiene credibilidad en el tema. La tercer herramienta es buscar el titular en Google, si es verdadera, es probable que otros medios confiables la hayan compartido; si es falsa, puede que sitios de verificación ya la tengan clasificada como tal.

También se sugiere revisar si los números citados tienen sentido y si aparecen en otras fuentes. Verificar fecha y contexto, pues   sacar una noticia de contexto o divulgarla en una fecha diferente también es una forma de desinformación. Revisar la URL, pues  algunos sitios se hacen pasar por medios verdaderos, cuando en realidad estan suplantando páginas acreditadas  con nombres parecidos. Otra de las recomendaciones es ante una duda de fake new es romper la cadena, no compartir y, si se difundió por error, avisar a los contactos para que borren el posteo.

Entre las recomendaciones prácticas para el individuo son tomar medidas proactivas, comprobar la veracidad de una noticia antes de compartirla, especialmente en redes sociales, donde la información es más vulnerable a la manipulación.

Es conveniente denunciar contenidos falsos, reportar en las redes sociales los posteos que se consideren fraudulentos y a los usuarios que los promueven, ante esto la práctica debe ser diversificar fuentes, seguir medios con diferentes líneas editoriales y consultar sitios de verificación fact-checking para contrastar afirmaciones polémicas. Es recomendable gestionar el consumo, establecer límites de tiempo en redes, priorizar fuentes oficiales y evitar la exposición continua a contenidos sensacionalistas que elevan el estrés.

En conclusión, la infodemia no es solo un problema de volumen de información, sino de calidad y confianza, pues afecta la salud mental, polariza la sociedad y debilita la democracia. Para construir pensamiento propio y diferenciar información real de fake news, el individuo debe adoptar hábitos de verificación, pensamiento crítico y consumo responsable, siguiendo recomendaciones prácticas como leer la noticia completa, contrastar fuentes, verificar autor y fecha, y romper la cadena de difusión si hay dudas.