Ya no recordamos cuántos sexenios han transcurrido desde que, con bombo y platillo, se anuncia que “ahora sí” llegarán nuevamente al puerto de Veracruz los famosos cruceros internacionales.

Cada administración estatal ha tenido su propio anuncio, su fotografía, su discurso y, en algunos casos, hasta sus compromisos de inversión. Pero los cruceros seguían sin aparecer, convertidos en una especie de promesa turística que navegaba entre declaraciones oficiales y buenas intenciones.

Por eso resulta de especial trascendencia el anuncio de la gobernadora Rocío Nahle García, quien aseguró que, después de años de ausencia, Veracruz volverá a formar parte de los itinerarios internacionales de cruceros. Y esta vez, al menos, ya existe una fecha concreta: el 19 de enero de 2028.

La naviera Margaritaville at Sea, con salida desde Galveston, Texas, tiene programado arribar al puerto jarocho con aproximadamente 2 mil 700 pasajeros y cerca de mil tripulantes.

La diferencia, en esta ocasión, es que el anuncio no se queda solamente en la promesa de que “se está trabajando”. De acuerdo con la información oficial, el regreso es resultado de gestiones y encuentros especializados con representantes de la industria, entre ellos reuniones en San Juan de Puerto Rico con la Florida and Caribbean Cruise Association y en Miami, durante la feria Seatrade Cruise Global.

La gobernadora recordó que recuperar los cruceros fue uno de los compromisos planteados al inicio de su administración y sostuvo que los resultados son producto del trabajo, la promoción y la gestión directa ante las empresas navieras.

Y tiene razón en algo fundamental: los cruceros no llegan por decreto ni porque alguien coloque un anuncio en el malecón. Para que una naviera incluya a Veracruz en sus rutas hay que ofrecer seguridad, infraestructura, servicios, atractivos turísticos y una operación confiable.

El beneficio, además, no se limita a los pasajeros que bajan del barco. La llegada de cruceristas puede representar una importante derrama económica para transportistas, restaurantes, artesanos, comerciantes, guías de turistas, prestadores de servicios y comunidades que forman parte de los recorridos.

La tarea ahora será preparar una oferta atractiva. San Juan de Ulúa, la Ruta del Café, Los Tuxtlas y otros destinos veracruzanos deberán estar listos para recibir a los visitantes con productos bien organizados, precios razonables, atención profesional y experiencias que motiven a regresar.

Porque una cosa es que el crucero llegue y otra muy distinta es que Veracruz aproveche plenamente la oportunidad.

También habrá que evitar que el anuncio se convierta nuevamente en una fotografía para el recuerdo. El primer arribo debe ser el punto de partida para recuperar gradualmente la presencia del estado en el mercado internacional, sobre todo si, como se ha informado, existen otras navieras interesadas en incorporar al puerto en sus itinerarios.

Después de tantos sexenios de promesas, enero de 2028 todavía está lejos. Pero, por lo menos, esta vez el barco ya tiene nombre, fecha y ruta.

Y como diría Pancho López, el filósofo xalapeño ateniense: “Crucero anunciado sin fecha es promesa; crucero con fecha, aunque falten dos años, ya es compromiso… siempre que no se lo lleve la marea electoral.”