Libertad Bajo Palabra
No se miden. Cuando se trata de contar cuentos nadie como Juan Javier Gómez Cazarín y su igual, Esteban Ramírez Zepeta, “el señor de los escorts”. Resulta que los señores centavearon a sus aduladores profesionales para que relataran las calenturas políticas que les pasan por la cabeza. Estos propagandistas aseguran que quienes quedaron bien con la presidenta Sheinbaum fueron Cazarín y Zepeta, que Nahle nada tuvo que ver. Dicen estos abyectos voceros que gracias al control político que tienen lograron llenar el estadio Beto Ávila. Y es que estos dos funcionarios menores gritan a los cuatro vientos que fueron ellos quienes movilizaron a más de 48 mil personas y que por sí solos llenaron el estadio de béisbol. Eso no es sólo una falta de respeto sino una clara muestra de indisciplina, soberbia; una muestra de lo poco que les representa la figura de la jefa del estado veracruzano.
Vale mencionar que durante el evento no se escuchó en los discursos oficiales alguna mención para Zepeta o para Cazarín, mucho menos había lugar para ellos en el presídium. Su lugar era abajo, tras bambalinas, junto con la perrada. Sin embargo ellos pregonan que la presidenta ya los quiere para compadres. Si estos sujetos fueran disciplinados, leales y estuvieran a otro nivel político le habrían dado todo el crédito del evento a la gobernadora Rocío Nahle, pero en cambio decidieron pagar notas, columnas y publicaciones para jactarse como los grandes operadores en Veracruz, relegando a la verdadera jefa política de la entidad y de su partido.
Claro, estamos hablando de dos escorias, no podía esperarse menos de ellos; ya en otras ocasiones han exhibido que no están alineados con Rocío Nahle, que ellos tienen sus propios intereses; sus chichifos que colocar en las candidaturas. Así deberían ser buenos para poner el pecho cuando se le van encima a la gobernadora, pero ellos prefieren dejar que la gobernadora haga frente sola a los ataques en su contra. ¿Cómo se logró llenar el estadio Beto Ávila? No fue gracias a estos tipejos, que ya tienen sus días contados en sus cargos.
