Por pequeños detalles. Por ejemplo: Pides apoyo con anticipación en el tren, para que te ayuden con las maletas, peeeeeero, el taxi tarda media hora y no llegas a tiempo para recibirlo, apenas para llegar corriendo al mugroso tren.

Todo mundo se sube al tren a las carreras, y tú traes tu silla de ruedas plegable, entonces resulta que como puedes la pliegas, y te acuerdas que para disfrutar el panorama, compraste los lugares en el piso de arriba del tren. Así que alguien tiene que sudar cargando la silla para subirla al segundo piso.

Vas feliz en cada viaje en tren porque vas a ver la campiña francesa, pues compraste en el segundo piso del tren, y la mayor parte del tiempo, o va muy rápido y no puedes ver hacia afuera porque 300 kms/h marean, o va en un espacio debajo del nivel de tierra normal, y solo puedes ver a los lados los taludes. Compraste arriba, y te jodiste la rodilla antes de viajar, siempre subir escaleras.

Compraste tu hotel en París, y cuando llegas, es un cuarto de 12 metros cuadrados, sin aire acondicionado. Así que pides cancelar la reservación. Te cobran la mitad de las noches, pues pudiste cancelar ya que no tiene elevador y tú no puedes subir la escalera. Esa fue la única buena noticia del día.

En Burdeos pudiste andar todo el día en silla de ruedas porque es plano, y el espectáculo en la base de submarinos alemanes fue fabuloso. Resulta que se te pasa la hora de comer, y buscas en internet restaurantes abiertos. Caminas casi un kilómetro (en silla de ruedas es un piche maratón) y llegas al restaurante y está cerrada la cocina. Regañas a la IA que te lo recomendó, y te pide disculpas y te informa que no hay restaurantes con cocina abierta. Te friegas hasta la cena. En la noche decides que puedes caminar unos pasos con el bastón, y te vas al restaurante que tiene reservaciones a las 19.30. Ya no quieres esperar hasta las 22.30 que es la hora en que hay reservación para el famoso entrecot de Burdeos.

Tomás el UBER, y de repente te avisa que no puedes llegar hasta la puerta del restaurante, porque está en la zona turística del centro histórico. Te baja lo más cerca posible, pero resulta que está a 400 metros. Con menisco destruido eso es otro maratón, pero doloroso. Así que ni modo, con todo y desgarre de menisco caminar los 400 metros en 15 minutos, y llegar sudando por el esfuerzo y el dolor al restaurante. Pides foie gras, y no te traen foie gras, pero ellos dicen que si es, y no te vas a poner a discutir. Luego te traen la pieza de cerdo que pediste, y mide más o menos la mitad de tu mano. No es caro, solo que la porción es muy pequeña para un mexicano tragón.

Cuando llegaste a París, decidiste no pedir silla de ruedas, todavía no sabías que la habrías de usar. Decides caminar el recorrido en el aeropuerto. Resulta que caminas más de un kilómetro y allí comienza el viacrucis de la rodilla híper inflamada e híper adolorida. ¿Mala suerte? O ¿Malas decisiones?

Celebras tu cumpleaños en el Au Pied de Cochon, y resulta que tu reservación es para el tercer piso. Ok, hay elevador, muy viejo y muy pequeño. Pero los sanitarios están a medio piso, hay que bajar escalera para lavarse las manos y subir otra vez para sentarte en tu mesa.

En París encuentras un hotel un poco mejor, y rentas el único cuarto que queda. Resulta que no tiene ventanas, no tiene ventilación y huele un poco a humedad. Entiendes que te vas a enfermar de gripa después de la primera noche. Logras cambiarte de cuarto a partir de la tercera, pero ya vas infectado de gripa y vas a pasar cuatro días moqueando fatal en tu viaje. Imagina un cuarto con CERO ventilación.

Tarde aprendes que para quién no puede estar de pie, hay cuartos especiales para poder bañarte sentado, sobre todo para la limpieza de los pies. Pero mientras aprendes ya pasaste cuatro días las de Caín cada vez que te bañabas.

Para explicarme estimado lector. Caminar más de diez metros ya resulta doloroso. Estar de pie sin poder detenerme en algo también es doloroso. El desgarre de menisco duele y mucho.

Mi hija mayor, me ha regañado en todo el viaje, porque no. me gusta que me ayuden, afirma que soy controlador ¡de mi propia silla de ruedas! Terco, que quiero que frenen cuando yo quiero (porque no quiero que se lleven los tobillos de algún ingenuo transeúnte que por allí se atraviese). Resulta que andar en silla de ruedas despierta instintos protectores y maternales de las mujeres de la familia. Cuando uno quiere seguir siendo lo independiente que se pueda. Y ni modo, uno quiere que las hijas sean independientes y no se dejen de nadie, eso implica tener carácter fuerte, casi tan fuerte como el de su papito tierno.

Quizá lo peor es que yo venía confiado en que no necesitaría silla de ruedas, porque el médico jamás me lo comentó. Por lo tanto, ninguna reservación de hotel, tren o avión la hice con la posibilidad de cancelar. Hoy que ya entendí que no puedo andar del tingo al tango, pierdo las reservas de 23 días de viaje que me faltan, pierdo el itinerario, y me voy a casa de un amigo asturiano a descansar y a vivir la grandeza de Asturias esos 23 días.

Lo menos malo, es que habrá BMW y chofer a la puerta por los primeros 12 días ¡Y gratis!

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