Poza Rica no sale de una cuando ya está entrando en otra. Apenas termina uno de preguntarse cómo una elección que amaneció naranja terminó acostándose guinda, cuando al municipio le cae encima una inundación; luego, la violencia; y ahora, hasta los reporteros tienen que aprender a correr en zigzag.
Debe ser incómodo gobernar un municipio cuya sola mención obliga a poner una nota al pie porque Adanely Rodríguez podrá despachar con todas las de la ley, tener constancia, sentencia y hasta bendición partidista, pero cada vez que alguien recuerda cómo llegó a la alcaldía, aparece ese incómodo “sí, pero…” que ninguna resolución electoral ha conseguido borrar.
La elección municipal de 2025 quedó marcada por una historia que todavía hoy levanta cejas. Primero, el candidato de Movimiento Ciudadano, Emilio Olvera Andrade, apareció como ganador con 15 mil 384 votos frente a la morenista Adanely Rodríguez. Después vino el recuento, las impugnaciones, la apertura de paquetes y finalmente el Tribunal Electoral de Veracruz terminó revirtiendo el resultado: 14 mil 823 votos para Morena-PVEM contra 14 mil 304 para MC. Y así, lo que comenzó con una constancia naranja terminó pintándose de guinda. Legalmente, el asunto quedó resuelto. Políticamente, no tanto pues una cosa es que una sentencia diga quién ganó, y otra, que desaparezca el “sospechosismo”. Y Poza Rica quedó marcada por ese incómodo perfume que dejan algunas elecciones: nadie puede demostrar que hubo gato encerrado, pero medio mundo pregunta quién encerró al gato.
Desde entonces, como si no hubiera sido suficiente aguantar al Pulpo Remes, al municipio parece haberle caído encima una especie de maldición política:
Primero fueron las inundaciones. En octubre de 2025, el desbordamiento de ríos y las lluvias golpearon duramente al norte de Veracruz. Poza Rica quedó entre las zonas más afectadas; el propio Gobierno del Estado informó entonces que alrededor del 35 por ciento de la población del municipio estaba dentro del área dañada. Las escenas de calles convertidas en ríos, viviendas anegadas y familias perdiendo patrimonio colocaron a la ciudad en el centro de una tragedia que requirió atención extraordinaria de los gobiernos estatal y federal.
Aquello, por supuesto, fue una desgracia natural. Culpar a una elección de que llueva sería llevar demasiado lejos hasta al más creativo de los astrólogos políticos; pero si el agua fue obra de la naturaleza, lo que vino después ya no admite semejante indulgencia.
Poza Rica se ha convertido también en un sitio particularmente peligroso para ejercer el periodismo.
La noche del lunes 24 de agosto, los reporteros Elí Martínez y Raymundo Perdomo fueron atacados por personas armadas en la colonia Cazones cuando se encontraban sobre la avenida 20 de Noviembre. Hubo disparos, persecución y durante horas no se supo del paradero de Elí Martínez, quien finalmente fue localizado con vida y puesto bajo resguardo de las autoridades. Y aquí se acaba cualquier posibilidad de tomar el asunto a broma.
Cuando reporteros de la nota roja corren para salvar la vida por las calles de Poza Rica, el problema dejó de ser únicamente policiaco para pasar a lo político. Los antecedentes obligan…
El asunto es más grave cuando además, los agresores pueden desplazarse, disparar, provocar una persecución, incluso utilizar ponchallantas para entorpecer a las patrullas; lo menos que uno puede preguntarse es quién controla realmente ciertas calles después de que cae la noche.
Así que aquel triunfo electoral que tanta alegría debió causar en Morena empieza a parecerse a esas rifas en las que uno termina preguntándose si no habría sido mejor perder el boleto. Adanely Rodríguez “ganó”. Eso dicen los tribunales y eso está jurídicamente concluido. Pero desde entonces, Poza Rica parece empeñada en recordarle al gobierno municipal que ganar una elección es apenas la parte sencilla. Lo difícil es gobernar después. Y ahí está el verdadero problema para Adanely.
Porque las inundaciones pueden atribuirse a la naturaleza.
El recuento electoral, a los tribunales.
Pero la seguridad de un modo u otro, acaba por endosarlo a Rocío Nahle. Esa factura llega directamente a Palacio de Gobierno. Quizá por eso convenga no hablar del “karma” demasiado fuerte. No vaya a ser que Poza Rica todavía tenga otro recibo pendiente.
