Con las elecciones del próximo domingo 6 de junio, se pone en juego la continuidad del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y la 4T. Estas serán las elecciones intermedias más grandes de los últimos 10 años, donde se elegirán 15 gobiernos estatales, 500 diputaciones federales, y 18 406 cargos públicos, entre presidencias municipales, sindicaturas, regidurías, con excepción de Durango e Hidalgo.
En el mismo sentido se elegirán mil 63 diputados locales, donde Coahuila y Quintana Roo no participarán. La importancia de ir a votar, es para hacer cada día más efectiva la democracia y no permitir que actores extraños, ni ajenos a las necesidades de los ciudadanos tomen decisiones en su lugar. Es de vital importancia que la población defienda el voto libre, sin cortapisas ni manipulación. El tiempo de corporativismo acrítico debe terminar para dar paso a ciudadanos críticos y conscientes de su alto compromiso con la sociedad.
Para este proceso se instalarán 164 mil casillas y participarán un millón 400 mil funcionarios electorales, para que sean 10 partidos a nivel nacional los que se disputen el electorado. El sentido fundamental para Morena, partido en el poder, será mantener su mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y para lograrlo necesita los 335 diputados, que podría alcanzar con su colación con los partidos de Trabajo y Verde Ecologista.
La derecha encabezada por la coalición del PRI, PAN y PRD, le han apostado a todo el aparato de control de poderes reales y facticos que controlan, con una campaña descomunal en contra de AMLO, para hacerlo trastabillar y restarle fuerza ante la ciudadanía. Los intereses creados y perdidos con la llegada de la presente administración federal, les tiene muy de malas, lo que contribuye a demeritar la democracia, porque le siembran el temor social y exaspera a sus grupos organizados, afines a su proyecto de país.
El voto es el principio y fin de la democracia, solo que los partidos tradicionales, se han acostumbrados a la manipulación y siembra de elementos muy banales y pobres en su concepto de sembrar ciudadanía. Solo la coyuntura electoral le permite invertir sus prerrogativas, pero de muy baja calidad.
Acciones pueriles que no ayudan a formar población activa y critica. Y los resultados son de un nivel que a sus votantes no los mantiene cautivos. Banderas de coyuntura muy cuestionables, sin mostrar ideología que descanse en demandas sociales de clase. Solo los dirigentes conservadores, que, sin apartarse de su visión integracionista y apátrida, mantienen sus cotos de poder partidista, reciclándose cada vez que hay elección. No cuadros nuevos, no nuevas dirigencias, solo invernan y reaparecen cada tres o seis años. Nada nuevo, ni su odio contra los pobres, contra el pueblo. Inventando y falseando datos en contra de la 4T y su máximo dirigente. Nuevamente el pueblo les cobrara caro, su arrogancia y estulticia. El pueblo ya no se traga el viejo cuento de los mansos corderitos, los datos duros de su corrupción e indiferencia se lo cobraran de nueva cuenta el próximo domingo. Como las elecciones del 4 de julio de 2018. Sin más.
