El mundo ha cambiado tanto, que si en 1917 Woodrow Wilson quería hacer del mundo un lugar seguro para la democracia, en el 2022, parece que Xi Jinping y Vladimir Putin lo quieren hacer un lugar seguro para la autocracia, y que Ucrania se ha vuelto una pieza fundamental, del rompecabezas con el que quieren armar un Nuevo Orden Mundial.
Así las cosas en este frío invierno, que si bien se compara por su tensión con la Guerra Fría, se debe tener presente que su naturaleza es diferente, y que probablemente, lo único que tengan en común sea el clima.
Nada es casualidad, y el hecho de que China
eciba con los brazos abiertos a Putin -en el marco de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing-, mientras occidente se une para endurecer las sanciones económicas en su contra, es un mensaje entre líneas que no debe pasar desapercibido, y que se sellará con la sonrisa que compartirán en la foto.
Whisky!
El flash de la cámara cumplirá con la misión de inmortalizar sus intenciones de darle un giro a la historia, y acabar con el orden unipolar y universal establecido por Estados Unidos, después de la caída de la Unión Soviética, en un momento en el que China parece victoriosa ante la pandemia. Mientras que Estados Unidos sigue siendo uno de los países más afectados, además de cuestionado, a raíz de la desastrosa retirada de Afganistán.
Parece que lo que un día fue, no será… Y que Putin supo leer en definitiva este momento, para maquilar un status de super potencia haciendo presión en la frontera con Ucrania. Además de que por los tiempos, debe de estarse saboreando varias joyas del baúl de sus recuerdos. Como cuando hace ocho años, esperó a que terminaran los Juegos Olímpicos de Rusia en Sochi para lanzar el ataque a Crimea, y anexársela.
Ahora, nuevamente hay Juegos Olímpicos y también hay crisis en Ucrania. No obstante, esta vez más allá de que el líder ruso no sería capaz de opacar el momento dorado de su compañero chino, hay algo en juego que va más allá de un territorio.
Porque dependiendo de su resolución, la crisis en el país de Europa Oriental podría ponerle fin al mundo unipolar, y darle pie al mundo multipolar anhelado por China y Rusia. En el que el globo terráqueo se divida en esferas de influencias, se acabe con las universalidad de las formas y derechos, y Estados Unidos quede relegado a un status de potencia atlántica.
Esa es la pieza que se ha vuelto Ucrania dentro de su rompecabezas. De ahí el que Xi Jinping apoye a Putin en la petición de mantener a ese país fuera de la OTAN, -hecho que si se observa de una manera plenamente estratégica sí considera un riesgo de seguridad para los eurasiáticos-, y que hayan alineado su comunicación estratégica gubernamental, para manejar la línea de que Estados Unidos utiliza a la democracia y a los derechos humanos como una especie de caballo de Troya, para derrocar a sus gobiernos y a sus aliados.
Tal y como se pudo ver en la retórica empleada respecto a las protestas en Hong Kong en 2019, en Ucrania en el 2014 y en Kazajstán a principios de este 2022. Recordándome esto último, aquella frase del psiquiatra estadounidense David Viscott, en la que dice que “ el mundo es un rompecabezas cuyas piezas cada uno arma de manera diferente.”
Así lo que ocurre en este momento con Ucrania.
El último en salir apague la luz.
Twitter: @Henaro Stephanie
