Alfredo Bielma VillanuevaAlfredo Bielma Villanueva

por: Alfredo Bielma Villanueva

En el evento donde el gobernador de Nayarit informó al presidente sobre la autorización por el Congreso de esa entidad para transferir los servicios de salud a la Federación, el primer mandatario refirió que “garantizar el derecho a la salud… es atención médica, estudios, intervenciones quirúrgicas, medicinas, todas las medicinas de manera gratuita, es la gratuidad, ese es el propósito hacia allá vamos, esa es la bella utopía el que el mexicano tenga garantizado el derecho a la salud”. Sin embargo, el paso atrás que significó la desaparición del Seguro Popular, en los hechos dejó a, por lo menos, 16 millones de mexicanos sin acceso gratuito a los servicios de salud, porque el INSABI en tres años no ha podido suplir con nueva protección los servicios que amparaba ese Plan para Gastos Catastróficos. Esa realidad es preocupante y a medida que transcurre el tiempo se aleja la posibilidad de hacer realidad la promesa presidencial de elevar los servicios de salud mexicanos a la altura de los proporcionados en Dinamarca, Suecia o Canadá. Este cálculo no incurre en pesimismo aventurero, sino simple observación acerca de una realidad incapaz de sostener la esperanza de mejorar, basta para comprobarlo los pírricos resultados en los avances hasta ahora obtenidos. En este, como en otros muchos casos (seguridad, economía, etc.), nada agradaría más que el diagnóstico resultara totalmente equivocado. Pero cuando a un proyecto de gobierno se le califica de “bella utopía”, después de haberse planteado como programa de gobierno, entonces comienzan a percibirse signos que no pueden conducir hacia el optimismo.