Stephanie Henaro

Hace poco escuché decir a alguien que los que se contagiaban de Covid-19 era por irresponsables. El comentario se me hizo un poco duro, sobretodo porque conozco personas que se han contagiado sin siquiera salir de su casa. No obstante, lo que aquello reflejó es parte de un sentir social que crece junto con el número de contagios. 

Así es como en el mundo aparecieron los covirresponsables. Tomaron vida junto con la división que el virus trajo al mundo y que llegó para quedarse.

Porque así como comenzó por dividirnos entre ricos y pobres, acabó por hacerlo entre buenos y malos, y eso de alguna manera afina las cuerdas de los violines que anuncian la entrada, al preludio de las sinfonías más difíciles en la historia.

La música ya se escucha a lo lejos.

El ritmo que sigue va en ascenso y contiene los compases de un estigma social que crece y que tiene las suficientes mutaciones para incrustare en nuestros pulmones, y hacernos respirar el aire de manera diferente, en una época post navideña en donde cada día se baten los récords de contagios a lo largo y a lo ancho del globo terráqueo.

Este es el 2022 y lo que ocurre me hace pensar que a la mejor este año tiene tantos números dos, porque hay dos bandos en el vecindario que llamamos mundo, que cobran vida dependiendo del cristal con que se mire, y como el Covid-19 es algo que no se quiere, el que se infecta se aleja de lo socialmente aceptable, y se convierte en covirresponsable. 

Hay un castigo que se asocia con el miedo.

Estamos en un escenario en donde los estornudos son los nuevos actos terroristas. Mientras que el vivir como se hacía en el 2019, se ha convertido en símbolo de lo irresponsable. 

Lo malo es que aunque se evite, el virus toca muchas veces la puerta de tu casa y entra sin anunciar. Permanecer sano se ha vuelto una combinación de hábitos y suerte. Por decir lo menos, y no irme a la dimensión de lo metafísico. 

Por otro lado, hay otro grupo de covirresponsables que va adquiriendo la suficiente fuerza como para hacer tambalear al mundo y sobretodo a Europea. Las protestas en Francia, Alemania, Suiza y Reino Unido relacionadas con los movimientos anti-vacunas, se han vuelto símbolos de las visiones opuestas qué hay de libertad, de lo alejados que estamos de la concepción de un bien común y de lo que es socialmente aceptable y lo que no. 

Trayectoria que comparten las protestas en Australia y en Estados Unidos. Poniéndole la carga moral a lo que se debe y a lo que no, y lo que no, forma parte del universo de lo covirresponsable. 

Así es cómo ha evolucionado el virus. El bien y el mal están presentes, y las divisiones se respiran en el aire. Mientras suenan las campanas del miedo, que se mueven con los estornudos. 

¿Qué pasará cuando el virus nos haga a todos covirresponsables? ¿Seguiremos divididos entre buenos y malos?