Si bien los niveles de popularidad del presidente López Obrador son equivalentes a los obtenidos por Vicente Fox y Felipe Calderón a mediados de sus respectivas gestiones de gobierno, los referidos al actual mandatario conjugan el ingrediente adicional, que lo diferencia de sus pares, porque sus reformas al marco normativo y políticas públicas, además del discurso frontal contra sus adversarios, han afectado seriamente intereses antes intocables con la consiguiente retahíla de ataques de un grande y poderoso sector político- económico del país. No obstante, o quizás por ese motivo, su popularidad permanece en elevados niveles de aceptación. No escapa a la observación que la opinión favorable de una gran proporción de los consultados corresponde a beneficiados directos del gobierno. Y es en esto último es donde radica el meollo de las consultas, no es igual la percepción hacia el individuo, el político que lleva años en la lucha social, sembrando esperanzas y generando confianza, que respecto del gobernante cuyos resultados no son los enteramente deseados. Ahora, respecto a las preguntas del cuestionario ¿podrán los auscultados distinguir la diferencia entre el beneficio personal que reciben del que requiere el país para crecer? ¿A cuántas familias mexicanas llegan los programas sociales implementados por el actual gobierno? A miles, millones, sin duda, es allí donde se encuentra la fuente preponderante del apoyo a López Obrador. Porque es de enfatizar que quienes vierten opinión favorable reciben algún tipo de apoyo económico o en especie del gobierno; aunque también debe reconocerse que buena parte de los mexicanos aprueba los cambios en base al manifiesto festín de corrupción habido en administraciones pasadas. Ya concluyeron los tres primeros años de la presente administración, incluidos los de la luna de miel entre el gobierno y el popolo minuto, (y debe reconocerse ha sido más larga que la de sus antecesores), ya inició la segunda mitad, la del declive del poder político y del poder hacer, al menos así ha venido sucediendo, ya habrá oportunidad de observar si se mantiene ese gran segmento de opinión favorable, o si la inercia del declive deriva hacia el sentido contrario.

