Alfredo Bielma VillanuevaAlfredo Bielma Villanueva

Alfredo Bielma Villanueva

Por enésima ocasión el presidente López Obrador habló sobre su retiro de la cosa pública a partir de septiembre de 2024, una vez concluida su gestión sexenal, habría que medir el impacto de esa iterativa declaración entre sus fieles creyentes y sus adversarios políticos, porque, si bien en un principio se dudaba de ese aserto presidencial invocando deseos transexenales, quizás ahora ese efecto haya perdido vigencia entre sus adversarios, ocupados en organizarse para dar la pelea electoral en 2024 y en saber contra cuál de los destapados (o el tapado), competirá. Porque el asunto no es de índole personal contra el presidente López Obrador, sino de proyecto político. Entre las variables de esta hipótesis se encuentra la edad del presidente López Obrador, quien físicamente da constancia de un revelador deterioro, y en los años venideros acumulará días intensos preñados de emoción, nerviosismo y preocupación, pues no es ligera la carga de sostener un esfuerzo permanente para consolidar un proyecto de nación y, a la vez, sortear con tino el tema sucesorio, considerando el significativo peso del ingrediente humano ¿quién lo suceda en la presidencia proseguirá sin desviaciones la transformación imaginada? Y es precisamente en esto último donde cada vez en mayor medida se irá centrando el interés de sus adversarios ¿contra quién competirán en la boleta electoral? Y, dependiendo de esa circunstancia, en caso de no alcanzar la fuerza opositora la capacidad competitiva requerida ¿no sería mejor actuar en sinergia con quien postule Morena estableciendo los compromisos de rigor? Deben ser en verdad muy difíciles los momentos del presidente relativos al tema sucesorio, porque a estas alturas de su gobierno ya se habrá percatado que su circunstancia histórica radica en solo ser parte del cambio. Es decir, si bien López Obrador es impulsor fuertemente protagónico de una transición, de ninguna manera es el cambio en sí y éste de ninguna manera es lineal. Maduraos los tiempos, así lo podrá ir comprobando desde su bucólico retiro cuando, aficionado como es a explicarlo con música como aquello de “los caminos de la vida son difíciles de caminarlos…”, y ahora acuda a aquella también afamada canción de “otro ocupa mi lugar… sin pensar que mi camino se ha acabado…”. Porque, como decían los romanos en tiempos del imperio: “así transita la gloria en este mundo”.