Una nueva forma de hacer e intervenir en la política para conformar bases sociales es a través de la promoción y entrega de dádivas en especie a núcleos de población marginada y pobre por parte del narcotráfico.

El narco se ha estrenado abiertamente en esta etapa electoral como un promotor de bienestar, haciendo un llamado a los pobladores de regiones pobres a que acepten donaciones diversas como despensas y otros satisfactorios, provenientes de personajes conocidos del narco.

Los malandros han copiado los esquemas tradicionales que los partidos políticos aplican durante las campañas electorales totales, no falta mucho para que también produzcan sus propias tarjetas plásticas que respalden una cantidad cualquiera de dinero y el pueda retirar cuando quiera, en los cajeros automáticos de un banco nuevo.

Hemos visto ya, en videos que circulan en las redes sociales, cómo llegan camionetas repletas de “regalos” a los pueblos y rancherías y la gente forma largas filas para recibir de manos del emisario del “jefe” la despensa o ropa u otros datos factores.

Así, los poblados beneficiados se van haciendo adeptos de ese “personaje” que les manda obsequios, y así se van construyendo bases sociales que quizá vayan abandonando los otrora acarreos de los partidos políticos que los utilizan en cada elección y luego los abandonan.

El narco populismo está tomando carta de naturalización mientras “los demócratas”, en medio de su mediocridad, se pelean por migajas de poder.

El poder se les está escapando de las manos y la democracia amanece cada día más golpeada.

Están lejos los tiempos en que México fue sólo el paso de la droga hacia los Estados Unidos.

Más tarde se fue convirtiendo en consumidor de mariguana y fue creciendo la demanda de la “yerba” catalogada como la “gold”, o sea la mejor, hasta llegar al narcomenudeo de otras drogas sintéticas más baratas y más letales.

Los exportadores de drogas fueron diversificando sus actividades ilícitas, derivando en contrabando de armas y de personas. Para esto, había que infiltrarse en las distintas áreas del gobierno que permitiera operar a sus anchas. ¡Y lo han logrado!

Empezaron comprando policías en la frontera norte, luego a los jefes de esos vigilantes que se hacían de la vista gorda y, paso a paso, el dinero del narco entró como la humedad en todas las áreas del gobierno y del ejército.

Lamentablemente es una verdad que incomoda, pero que permite al poder del Ejecutivo sustentar su discurso palaciego en intenciones y no en realidades.

Estamos inmersos en la demagogia como forma de argumentación que versa acerca de una persona en vez de problemas y/o soluciones.

El Jefe de las Instituciones está convencido del poder de su voluntad, tal y como lo hacía Napoleón Bonaparte hace más de 200 años.

Y como lo que vale es su voluntad, todos quienes contradigan esa “máxima” se convierten en enemigos, opositores o traidores.

En lo que va de este régimen no se ha tocado, “ni con el pétalo de una flor”, al narco. De todos es sabido que dejó libre al hijo del Chapo Guzmán, dizque para no crear un enfrentamiento, y luego fue a saludar a la madre del Capo hoy encarcelando en Estados Unidos.

No se ha sabido de alguna “quema” de sembradíos de mariguana o amapola, y menos de la captura de algún malandro mayor.

El crimen organizado que antes financiaba campañas de políticos ha cambiado mejor a la postulación de su propia gente a puestos de elección popular. Para qué depender de otros cuando se puede tomar el poder y adueñarse de territorios libres de Estado.

Hoy por hoy impera la impunidad, alrededor de 80 aspirantes a alcaldes y a diputados locales han sido asesinados y no hay un solo detenido, menos un consignado.

La banalidad de las campañas y la violencia envuelven a un México que exige vivir en paz, en libertad, con seguridad y tranquilidad, donde ruja el Estado de Derecho.

Sin duda hay que limpiar el territorio, pero ¿quién lo va a hacer? Nadie quiere pagar el precio y mejor se acogen al mantenimiento de la “buena imagen”.

El 6 de junio veremos en las boletas, fotografías de candidatos que ya no lo son porque, o los mataron o se cambiaron de partido a última hora; encontraremos personajes de la farándula que por ser famosos llevarán algunos votos a las urnas.

¿Los partidos políticos no debieran apegarse a reglas -aunque no escritas- que establecieran bases de conocimiento, experiencia y probidad para elegir a sus candidatos?

¿Y el presidente de la República no debiera atender más las tareas de gobierno que andar metiendo las manos en las elecciones, aunque infrinja la ley?

Pues el panorama pinta de gris estas elecciones que debieran ser un ejercicio democrático que enaltezca la vida política del país.

¡Digamos la Verdad!