Cuánto de lo que ahora acontece en el escenario político nacional permanecerá intocable, seguirá con su actual tendencia o variará sustancialmente hasta que lleguemos al umbral de la elección de 2024 no está al alcance de nuestros vaticinios, sí en cambio, está la oportunidad de escrutar ese acontecer para vislumbrar, al margen de lo que se quiere, la posible ruta y el desenlace final. Por ejemplo, dice Porfirio Muñoz Ledo: “Este régimen tenderá a desgajarse en los próximos dos años”, por quien lo afirma es válida la interrogante: ¿en base a qué datos este destacado actor político formula esa predicción? Porque, si bien en este caso quien lo asegura es un político profesional de larga trayectoria y curtida experiencia, por el imperio de las circunstancias habría que preguntarse si opinaría igual en caso de que aún estuviera entre los escogidos por el “señor” y no en grado de expulsión o marginación de las áreas de decisión partidista y del circulo de donde eso emana. Sin embargo, la palabra de Porfirio Muñoz Ledo cuenta y de ninguna manera es desechable, pues lo avala la rica experiencia de su añeja estancia en los círculos del poder, su sustanciosa cultura política y las herramientas de análisis que lo aproximan a esa hipótesis de muy posible comprobación. No obstante, los asegunes de lo asentado por Muñoz Ledo quedan dentro de lo posible, porque en materia política, las circunstancias, el desgaste provocado por el ejercicio del poder, la ilusiones no cumplidas, las acciones en contrario de las fuerzas opositoras al gobierno en turno, las incesantes variaciones de la correlación de fuerzas políticas, etc., son variables a considerar, por lo cual, de estos tiempos a la elección de 2024 es posible establecer un sinfín de situaciones hipotéticas, incluidas las de Muñoz Ledo aquí señaladas. En ese contexto se incluye la dinámica de los partidos políticos, pues son condición sine qua non de todo proceso electoral, y tal como podemos observar, en el PAN la crisis interna que ahora padece, o lo fortalece o lo debilita. En el PRI hay serios brotes de inconformidad contra la actual dirigencia cuya principal misión pareciera ser la de servir como camisa de fuerza que le impida convertirse en opción competitiva. En el PRD hacen un último esfuerzo y en su XVIII Congreso Nacional dan por concluida su etapa de aferrado y trasnochado nacionalismo para abrazar la socialdemocracia de izquierda, en un intento por reverdecer su etapa de partido protagonista. Y en Movimiento Ciudadano se declaran listos para ser la Tercera Vía, adelantando por la voz de sus dos gobernadores, Alfaro y Samuel García, que no irán en alianza en la elección presidencial de 2024, una aseveración nacida en el momento, pero ningún gramo de esas palabras queda inscrito en piedra, sino más bien en palabra de político, y ya sabemos lo que eso significa. En fin, querámoslo o no, inmersos en una pandemia sanitaria de elevada letalidad, víctimas de una inflación económica que nos empobrece aún más, insertos en un escenario de fuerte polarización política y porque la vida continúa, aún queda ánimo para la discusión de nuestro destino en común pues todos vamos en la misma nave.

