Alfredo Bielma VillanuevaAlfredo Bielma Villanueva

En México somos casi por naturaleza, futuristas, es decir, en política ejercitamos el juego de la sucesión presidencial con un placer de grado masoquista, lo cual aprovecha la clase política para, a su vez desplegar todo el sadismo aplicable. Esa relación sadomasoquista entre la ciudadanía y los políticos debe guardar vestigios de nuestra genética, derivada de una mezcla de razas mal interpretada durante la Colonia, cuando surgió aquello de que hijo de español y de india “era” mestizo, hijo de español y mestiza castizo, hijo de blanco-negra mulato o pardo, hijo de unión indio-negra zambo, hijo de chino y de india cambujo, hijo de cambujo y de india, tente en el aire, hijo de tente en el aire y mulata se llamaría albarrasado, cuentos de aquellos tiempos de acendrado oscurantismo, no muy diferente al aún vigente clasismo y racismo de nuestros días. Disquisiciones aparte, no podemos evitar nuestra tendencia hacia el futurismo político, pues tan pronto se inaugura un gobierno ya empezamos a especular sobre quien de los nombrados colaboradores del presidente será su sucesor. Durante la época dorada del priismo destacaba quien ocupaba la Secretaría de Gobernación, después fue la de Programación y Presupuesto, aunque cuando se torcieron las cosas esa regla se rompió. Ya con la transición instalada, a partir del 2000, desde una gubernatura alcanzaron la presidencia Fox y Peña Nieto, Calderón lo hizo desde su militancia panista y aún en contra del presidente Fox, quien prefería a Santiago Creel, su Secretario de Gobernación. A Felipe Calderón nadie le apostaba después de su renuncia a la Secretaría de Energía el 31 de mayo de 2004 porque asistió en Guadalajara a un mitin de apoyo a su destape como precandidato a la presidencia y Fox la calificó de “imprudente” y “fuera de tiempo”. Tampoco a López Obrador se le concedían posibilidades después que sufrió un infarto, y aún peor cuando en 2012 volvió a perder como candidato presidencial. Grande y larga ha sido la experiencia de los mexicanos en esta materia de sucesoria política, aun así, sigue pareciendo fuera de lugar el adelanto testamentario propuesto por el presidente López Obrador. Porque ya todo es alboroto político, unos, el Frente Cívico Nacional, porque no están de acuerdo con la implementación de políticas públicas del actual gobierno y buscan detener su fruición por el cambio, y hay quienes al interior de la CuartaT se sienten marginados de ese juego, como Ricardo Monreal, quien puja por participar, pese a todo. Y en esto último estamos: “No le hace. Si ya me dan 12 puntos sin hacer nada, imagínense cuando empiece a hacer”, dice Monreal ante “encuestas” que lo reducen a poco competitivo, después de Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard. “En Morena tenemos candidatos hasta para regalar”, ha dicho el presidente ¿Cómo está la “caballada” en la oposición? Sin duda, todavía no engorda y debiera procurar embarnecer porque tal como va, no dará la batalla. Pero en política actúan diversos factores y empíricamente es posible advertir que este juego está aún en su fase de “calentamiento”, quizá tengamos oportunidad de ver cómo se desarrolla y cómo termina; poco vivirá quien no lo vea.