Contra lo esperado en el caso de José Manuel Del Río Virgen, pese a la intensa presión ejercida por los senadores Ricardo Monreal y Dante Delgado a favor de su liberación invocando la vigencia del Estado de derecho y la presunción de inocencia, el funcionario del senado mexicano ha sido vinculado a proceso y permanecerá en prisión. Ayer mismo, en un intento ¿desesperado? para evitar la vinculación a proceso a de Del Río Virgen, el senador Monreal se asumió como defensor de los veracruzanos: “Frente a las tropelías que viven en estos momentos los ciudadanos de Veracruz hay que estar junto a ellas y ellos… ésa es la esencia de Morena, no podemos cambiarla, fue lo que nos dio vida, fuerza y entereza. Tenemos que colocarnos en el lado contrario del de los opresores, con contundencia, sin contemplaciones y sin tibieza”. Por ahora, este pleito jurídico de inocultable esencia y consecuencias políticas señala derroteros opuestos a los deseos de los senadores referidos pues este primer episodio concluye con resultados no favorables para su defendido. ¿Qué encontró el ministerio público para fundamentar su pedido de reclusión? será importante conocerlo, porque ya está en juego no solo el supuesto de la defensa del Estado de Derecho enarbolada por los senadores en comento, sino su fuerza política y, por otro lado, señala hacia una ruptura que, aunque ya estaba anunciada, estos acontecimientos pudieran precipitar su desenlace. Sin embargo, queda en el tintero el otro lado del asunto, de no menor importancia, por cierto, la chispa detonante de este diferendo, porque el delito de ultraje a la autoridad que forma parte del expediente Monreal-Veracruz, conlleva inherente un fuerte tufo de designio anticonstitucional que agrede a la sociedad desde cuyo seno lamentablemente solo lamentos sotto voce se escuchan, cual chismes de la cafetomanía, pero nada más. Lo cual recuerda aquello de “ayúdate que Dios te ayudará”.

