Cuando el presidente López Obrador ofreció que su gobierno dejaría un sector Salud a la altura de los servicios médicos de Dinamarca o Canadá despertó alentadoras esperanzas, aunque implica escalar una enorme cuesta arriba para lograrlo y combinado con los exiguos recursos constituyen un verdadero reto. Si bien el actual gobierno no recibió un Sector Salud en ruinas, como suele repetir el discurso presidencial, convertirlo a niveles de excelencia parece tarea ya imposible de realizarla en los tres últimos años de la gestión. Reducido al caso de  Veracruz da idea clara de una tarea fenomenal: ni el CECAN, ni el Centro de Alta Especialidad “Rafael Lucio”, ni el Hospital Civil “Luis F. Nachón, de Xalapa, tampoco el Hospital Pediátrico de Veracruz ni el Regional de esa ciudad, por solo citar los de mayor renombre en la entidad, cuentan con la debida certificación, para conseguirlo se requiere cumplir ciertos requisitos, pero si eso no ha sido posible alcanzarlo ¿cómo aspirar a mayores empresas si no se cumple lo básico? ¿Qué ha hecho Ramos Alor en los tres primeros años para resolver estos y otros expedientes? Solo dos más: el patético recinto del “psiquiátrico” de Orizaba es ejemplo de emblemático abandono; y qué decir del “Asilo” Sayago, dependiente del Sector Salud, que no cuenta con el debido registro para ser considerado como un auténtico centro de atención geriátrica, aunque, eso sí, tiene una nómina de 150 empleados para atender a solo 37 internos y vaya usted a saber en qué condiciones. La lista es muy larga, aunque usted no lo crea, pero es cierto.