Hoy los brazos de unos hijos, de unas hijas, no podrán abrazar a su padre.
Ya no podrán sentir su calor ni su amor.
Una mujer se quedó sin pareja, alguien perdió a un amigo, y un pueblo perdimos la esperanza.
¿Qué podía decir un candidato que provocara su asesinato?
Que me disculpen mis amigos, pero Abel Murrieta no era el favorito en las elecciones de Cajeme, como candidato no representaba un peligro.
Como procurador por 9 años hizo un gran papel, tan es así que creo ha sido el único en trascender la mitad del siguiente sexenio sin siquiera ser simpatizante del partido en el poder.
En esos años yo tenía mi oficina en la calle Paliza, frente a la primaria Colegio Sonora, casi todos los días Abel Murrieta pasaba caminando venía de la procuraduría rumbo a palacio de gobierno, solo, sin guaruras.
Alguna veces salí a saludarlo y pedirle, a veces como broma, otras en serio, que no caminara frente a mi oficina pues ponía nerviosas a mis compañeras de trabajo ya que el frente de esta eran ventanales.
El que nada debe, nada teme, me decía, no te preocupes no pasará nada. De eso hace ya 9 años.
Adrian Lebaron, el padre y abuelo de mujeres y niños que fueron masacrados por el crimen organizado en Arizpe hace 2 años publicó un tuit que me impactó, ¡Mataron a mi defensor! Dios nos quiere a todos vivos para hacer patria.
La mejor forma de honrar a Abel Murrieta es haciendo a un lado el miedo, es seguir trabajando por el cambio que queremos, no bajar la guardia.
Me uno al día de luto por la muerte de Abel, que este tiempo de reflexión nos ayude a recargar pilas para seguir por el rescate de tu ciudad, de tu estado, de tu país.
Hoy es cuando más necesitamos cerrar filas, somos más los buenos.
Ni el miedo, ni la lástima sirven a Sonora.
Abrazo al cielo Abel.
