La actividad demostrada por el senador Ricardo Monreal está en proporción directa a la posibilidad de ser empujado fuera de Morena, partido del cual es cofundador en sinergia con Manuel López Obrador, solo que ahora las circunstancias los colocan en la difícil coyuntura de seguir caminos que no conducen al mismo lugar, porque mientras el actual presidente tiene un proyecto sucesorio a su modo y no incluye a Monreal, el senador zacatecano insiste en su querencia por la candidatura presidencial, precisamente por el partido cuyo destino controla López Obrador. El senador Monreal lo sabe, está consciente de las molestias que provoca su actitud futurista porque altera el diseño propuesto por quien manda en su partido y en este país. Las señales que advierten a Monreal de la radicalización de las respuestas en su contra son muy claras, lo de Del Río Virgen no es casual ni invento de Cuitláhuac, suponerlo así es desconocer el teje y maneje de la conducta política en México. Todo en este asunto está concatenado, lo de Veracruz es advertencia por sacudirse la piedra en el zapato que Monreal representa, a continuación, vendrán las presiones para que Monreal abandone Morena o termine marginado en sus filas, tal cual sucedió con Porfirio Muñoz Ledo, a quien fueron limitando, primero, evitando su reelección como diputado, y después, obstaculizando sus márgenes de acción partidista hasta hacerlo a un lado; asuntos relativos a la edad impiden mayor movilización de Porfirio Muñoz Ledo, de aquel aguerrido ideólogo y político de sustantivas posiciones queda el recuerdo que mientras más añejo adquirirá proporciones históricas. Pero a Monreal aún le sobran bríos, conoce a sus adversarios, sabe sortear los obstáculos y negociar salidas, tiene así todavía muchos renglones por escribir, por lo cual esa historia continuará, cuyo final aún reside en la tozuda incógnita del porvenir inmediato.

