Precisamente un día después de una jornada sangrienta en el estado de Guanajuato, muy semejante a las ya ocurridas en Zacatecas y Michoacán, en la mañanera de ayer la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) informó de una disminución de 0.4 por ciento en los homicidios dolosos en lo que va del sexenio del actual gobierno federal. Solo que en sentido contrario a esa aportación estadística, en su reporte ‘MX: La Guerra en Números’, T-ResearchMX, tiene el registro de homicidios dolosos difundidos por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, del 1 de diciembre de 2018 al 19 de diciembre de este año: 108 mil 49 homicidios dolosos en México, con tendencia al alza. Esta cifra rebasa con mucho a las acumuladas durante el mismo periodo, en los primeros tres años de los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto: 31, 427, 43,525 y 65, 834, respectivamente, una diferencia ciertamente bastante acentuada. Es decir, no pintan bien las circunstancias para las fuerzas de seguridad nacionales ni, por supuesto, para la población mexicana. Si bien las cifras son alarmantes, solo reflejan el calvario cotidiano que se vive en nuestro país, en donde a fuerzas de un costumbrismo impuesto por la realidad quizás ya no dimensionamos bien a bien la tragedia de nuestros tiempos. Es explicable acaso en las nuevas generaciones porque nacieron con el mal de la delincuencia organizada ya bastante extendido en nuestro país, no así para quienes por muchos años gozamos de un México muchísimo más tranquilo y pacífico, ajenos a las masacres que en muchas partes de la república son la noticia de cada día. Lo peor radica en que tal como vamos el Estado Mexicano pierde terreno ante la delincuencia, sin dique alguno que se lo impida. No es bueno el diagnóstico, ojalá hubiera uno mejor.

